El papa Francisco nombró a monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, nuevo obispo de San Cristóbal de Las Casas, en sustitución de Felipe Arizmendi Esquivel, quien renunció el 1 de mayo de 2015 cuando cumplió 75 años de edad.
Al conocer la noticia, Aguilar Martínez quien era obispo de Tehuantepec, Puebla y antes de Matehuala, San Luis Potosí, dijo en un breve mensaje que quiere conocer y unirse al caminar marcado por el III Sínodo Diocesano y por el Plan Diocesano de Pastoral.
Pidió a los católicos de la diócesis de San Cristóbal, a trabajar juntos “en espíritu sinodal, como nos invita el papa Francisco, avivando la fe y la esperanza. Que las dificultades no nos desalienten, sino que se conviertan en oportunidades que nos forjen. Necesito de su oración, cuenten con la mía”.
El nuevo obispo, quien asumirá el cargo el 3 de enero próximo, agregó que “con el favor de Dios, emprenderemos esta nueva etapa de la vida diocesana el 3 de enero de 2018, con la protección e intercesión de San Cristóbal mártir”.
Señaló que valora “el caminar de la diócesis, con una larga historia de fe y numerosos obispos, desde el primero, Fray Bartolomé de las Casas, hasta los más recientes, monseñor Samuel Ruiz García, Raúl Vera López, Felipe Arizmendi Esquivel y Enrique Díaz Díaz”.
Subrayó: “acojo con amorosa devoción su voluntad (de Dios) de concluir mi servicio pastoral en Tehuacán e iniciarlo en San Cristóbal de Las Casas. Cristo Jesús, venerado en la diócesis como el Señor de Tila, que me llama y me envía, también me da testimonio como camino para ir al Padre por su misterio pascual, que me da vida para darla yo también en bien de muchos”.
Arizmendi Esquivel, por su parte, manifestó que durante los 17 años y medio de obispo de San Cristóbal “he procurado mantenerme fiel a lo que dije el día de mi llegada a San Cristóbal: No vengo a competir, ni a destruir, sino a complementar”.
“Nunca quise competir con mi ilustre antecesor Samuel Ruiz García. Él abrió caminos que habían sido inspirados por el Espíritu Santo en el Concilio Vaticano II. Luchó arduamente, con persecuciones, por la defensa y la dignidad de los pueblos originarios”.
Expresó que su servicio “era complementar la atención pastoral a lo que los signos de los tiempos fueran indicando, y que son retos actuales para la diócesis, como la migración, interna y externa, las traducciones bíblicas y litúrgicas a los idiomas indígenas, la consolidación del diaconado permanente, la promoción de la mujer, la evolución global de la niñez y la juventud, la pastoral urbana, la organización de los catequistas de comunidades, la promoción de vocaciones religiosas y sacerdotales, la renovación del Seminario Diocesano, la pastoral de las familias, la evangelización por los medios de comunicación”.












