Normalista cuenta vejación

"Abenamar Sánchez * CP. Fue un jueves, hace tres anos, dice el hombre. Y, para ser más preciso, ""específicamente, el 6 de agosto"".

Mientras paulatinamente el dolor del recuerdo se dibuja en su rostro, se acomoda sobre una silla plegable de madera.

Lleva una playera de su escuela, la Normal Rural Mactumactzá, y un pantalón deportivo oscuro con franjas rojiblancas.

-Ese día no había marcha programada.

Irrumpe con fúnebre voz. Es como si empezara a dolerle más el recuerdo de esos días que se vio enfrentado a la policía, golpeado y encarcelado en el entonces penal de Cerro Hueco.

Ese día, cuenta, en la madrugada un grupo de estudiantes se había trasladado a la Pochota (entrada poniente de la ciudad capital) y retenido dos camiones cargados, que se sumarían a otros que ya se encontraban en el estacionamiento de la escuela.

La idea era seguir presionando al gobierno para que respetara el anterior pacto de plazas automáticas para los egresados de la Normal Rural Mactumactzá, razón del movimiento estudiantil que ya se había prolongado durante semanas.

Mujeres y hombres y ninos se habían dejado venir ya desde sus municipios para acompanar al hijo o al hermano y habían encontrado cobijo en los mismos edificios de la normal, pero en total no hacían ni mil personas.

Pero el gobierno también había endurecido ya la ofensiva. Antes del mediodía, relata el joven estudiante, quien entonces apenas peleaba un espacio para acceder a la normal, en los corredores de la escuela se dispersó la noticia:

-Doce companeros habían sido detenidos junto con el camión en un operativo policiaco en el tramo carretero Tuxtla-Venustiano Carranza, y estaba planeada ya una intervención en la escuela.

A las dos de la tarde, prosigue el relato, unos aspirantes estábamos descansando en un dormitorio cuando nos avisaron que ya estaba entrando la policía acompanados de helicópteros que tiraban gas. Corrimos al lugar y vimos que la policía cargaba con nuestros companeros.

""Había policías por todas partes. Dicen que eran más de 2 mil. Teníamos que defendernos, porque si la policía entraba a las instalaciones de la escuela iba a golpear a nuestras madres y hermanitos. Me uní al bloque que resistía cerca de la Coca, pero no resistí el gas y caí"".

""Hice un esfuerzo por ver a mis lados, y miré que a mi lado también iban detenidos un companero estudiante y un padre de familia. Nos llevaron a una casa que estaba en obra negra para golpearnos, pero luego nos sacaron y nos colocaron boca abajo, junto a otros, sobre el piso caliente frente a la refresquera. Así nos tuvieron por un largo tiempo"".

""De repente nos pusieron de pie a jalones y nos aventaron a un camión, donde nos apilaron: tiraban a uno boca abajo y sobre él colocaban otro y sobre éste ponían a otro hasta llegar como a cinco capas. Allí, porque aproveché para arrastrarme debajo de un banco, miré que un padre de familia se iba ahogando con su sangre, porque tenía una herida sangrante en la cabeza. Así llegamos a la Procuraduría (ahora Fiscalía General del Estado)"".

""Ya en la Procu, donde nos encontramos con otros, nos sentaron en un corredor de cinco en cinco con las piernas abiertas. Es decir, te sentabas en el piso con las piernas abiertas y entre éstas se colocaba otro igual con las piernas extendidas para que entrara otro hasta sumar cinco. Era muy doloroso, y así nos tuvieron durante horas"".

""Entre los más de 200 detenidos se encontraban dos jovencitas estudiantes que eran de otros estados, pero estábamos divididos en grupos. A todos nos pasaron por un cuarto que yo creo era para que del otro lado del cristal alguien nos identificara, y al día siguiente de la detención a todos nos fotografiaron"".

""Pero al tercer día, a los doce detenidos en la carretera a Carranza los llevaron al Cerro Hueco, porque los consideraron líderes del movimiento, y al resto nos dictaron 30 días de arraigo. Nos llevaron a un hotel y así nos olvidamos de algunos sufrimientos, como eso de que vas de cinco en cinco, tomado de los hombros como trenecitos, a los sanitarios, aunque resultó lo mismo"".

""En el hotel, primero me llevaron al Olimpo, uno que está cerca del Parque Central, teníamos prohibido abrir la puerta o correr siquiera tantito la cortina, y así no podíamos, en caso de que se pudiera, ver a los familiares que se acercaban a abogar por nosotros. Luego, junto con mi grupo, nos trasladaron a un motel en Terán"".

""A los doce días de arraigo, a las siete de la noche llegó un funcionario de los SECh (ahora Subsecretaría de Educación Federalizada) a ofrecernos la libertad a cambio de que firmáramos un documento sobre el cambio de escuela para que no volviéramos a Mactumactzá, pero no firmamos los dos que compartíamos habitación, aunque más tarde me avisaron recogiera mis cosas porque llegarían por mí"".

""Llegó la hora. Me sacaron al estacionamiento. Ahí estaba una Urvan y los otros 23 que estaban arraigados en el motel ya se encontraban en la camioneta. Arrancó el carro y nos llevó a la Procu, nuevamente. Ahí nos pasaron otro documento, pero respondimos que no íbamos a firmar si no nos asistía un abogado. Llegó otro hombre a decirnos que era para nuestra liberación, y todos aceptamos"".

""En cuanto firmamos, nos llevaron a donde estaban estacionadas dos camionetas y, al preguntar sobre a dónde nos llevaban, un hombre nos dijo que un juez había dictado orden de aprehensión y nos iban a trasladar al penal de Cerro Hueco. Y así fue: nos enganaron. Esa misma noche entramos a la celda preventiva conocida como la COC"".

""Apenas llegamos, se nos acercó el preciso (guardián de la celda) y nos dijo que si queríamos tranquilidad y no maltrato con la carga de aseo al lugar deberíamos de pagar mil 500 pesos por persona. Le dijimos que éramos estudiantes, pero aún así nos hizo pagar 500 pesos por persona"".

""Días después nos pasaron a las celdas que estaban en la parte baja, y ahí los precisos nos pidieron cinco mil persona por persona y, nuevamente, tuvimos que recurrir a la familia para que nos ayudara a pagar 3 mil pesos igual para no sufrir maltratos, porque habíamos logrado nos bajaran la cuota, pero aparte nos pedían de 10 a 12 mil pesos por las planchas para dormir, pero aún así nos cobraron para que durmiéramos siquiera en el piso"".

""Esa situación se prolongó durante meses, hasta que llegó el día de la salida. Me liberaron con el tercer grupo que también salió en diciembre. Vine directo a la escuela, y los maestros me ayudaron a integrarme a un grupo, pero antes fui a pasar unos días con mi familia que siempre me ayudó porque caí preso por defender la escuela"".

""Pero era más triste el caso de un veracruzano que estuvo preso junto con nosotros. No tenía nada que ver con el movimiento estudiantil. Lo detuvieron cuando regresaba de su trabajo. También estuvo en Cerro Hueco"", concluye el joven con aire de tristeza.

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