Tras cuatro días de realizar manifestaciones y actos vandálicos en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, estudiantes de la Escuela Normal Primaria “Manuel Larráinzar” realizaron la celebración del fin de ciclo escolar, en cuyo evento consumieron bebidas alcohólicas sin el permiso de los directivos de la institución.
Por temor a represalias, estudiantes de la institución educativa optaron por omitir sus nombres, pero expresaron que el autodenominado Comité Ejecutivo Estudiantil integra a jóvenes que están por ingresar a la institución de manera sutil, pero que poco a poco las acciones se tornan violentas.
Meses antes de que los alumnos ingresen a la institución, son invitados a reuniones en donde supuestamente se les indica que al integrarse al comité se les dará beneficios como plazas con pase automático, así como la promesa de que sin realizar las actividades académicas aprobarán cada uno de los ciclos escolares, además de la entrega de uniformes escolares.
Promesa
Los denunciantes señalaron a Cuarto Poder que, de manera inicial, los estudiantes son invitados a integrarse al grupo sin presión alguna, pero quienes no aceptan sumarse a los actos vandálicos o a incumplir con actividades académicas, poco a poco comienzan a ser amedrentados.
En las reuniones, exponen, se les capacitará para elaborar lo que ellos nombran como material didáctico; sin embargo, en lo que se les capacita es en la elaboración de artefactos como bombas molotov u objetos para realizar actos vandálicos.
El grupo señala que es víctima de discriminación por parte de los directivos de la escuela, incluso de las autoridades de la Secretaría de Educación, cuando en realidad son ellos quienes realizan actos de discriminación en contra de sus compañeros que no hablan una lengua originaria.
“Con expresiones como charros o kaxlán (gallina en tsotsil), los integrantes del movimiento se refieren a los que no son indígenas o no se integran a su grupo”, compartieron.
Acoso
De igual manera, expusieron que los jóvenes que no se integran son orillados a no entregar tareas a sus profesores, o en caso de que lo hagan, tienen que hacerlo a escondidas, por temor a represalias, además de que se les impide tomar clases con libertad.
Al inicio los jóvenes comenzaron a llegar a acuerdos con algunos de los profesores para no tener clases, pero poco a poco se fueron radicalizando y han llegado a amedrentar a los maestros para que no existan consecuencias de sus constantes faltas.
Los denunciantes también comentan que se sienten estresados ante el agobio del que son víctimas, por lo que han llegado a promover una denuncia ante las autoridades de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), para que su situación sea conocida.
A lo anterior sumaron que el pasado jueves los alumnos de este grupo organizaron un festejo de conclusión del ciclo escolar, en el cual consumieron bebidas embriagantes.












