La violencia hacia las mujeres y niñas tiene manifestaciones. De acuerdo a la investigadora Saraí Miranda Juárez, la violencia contra las trabajadoras domésticas está invisibilizada y normalizada en Chiapas.
La doctora en Estudios de Población por el Colegio de México subraya que estas violencias no están registradas en ninguna encuesta y los motivos son por la naturalidad con el que se visualiza el trabajo de las niñas y adolescentes en casa, es decir, “se da por hecho que está en el ámbito privado y difícilmente se puede captar”.
La también licenciada en Economía por la Universidad Autónoma del Estado de México (Uaem), realizó un trabajo de investigación en los Altos de Chiapas y en la región del Soconusco enfocado en la situación que viven las mujeres y niñas dedicadas a estos trabajos.
La integrante del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) subrayó que por lo regular estos trabajos se dan en condiciones de “mucha precariedad laboral” y con distintos factores comunes.
“Uno de ellos es que son indígenas, otro es que provienen de hogares en situación de pobreza y la mayoría son migrantes, ya sea internas o algunas internacionales pasan de Guatemala a Tapachula”.
Sobre las migrantes internas, explicó que vienen, en su mayoría, de comunidades de la región de los Altos y se desplazan hacia ciudades principales como San Cristóbal de Las Casas, Tapachula y Tuxtla Gutiérrez.
“Son casos de precariedad y de una situación laboral delicada, con mucha inestabilidad, inseguridad y vulnerabilidad. Clasificando algunas violencias por orden de marcador social; por ejemplo, para el caso de San Cristóbal hay varias modalidades de inserción laboral de las niñas y las adolescentes”.
Acotó que al salir de sus comunidades “hacen un acuerdo con una familia, regularmente blanco-mestiza, para que la familia les brinde escolaridad, vivienda, comida y manutención; a cambio ellas realizan las labores domésticas, cuidan a los niños o alguna persona mayor”.
Miranda Juárez realizó entrevistas cualitativas en una secundaria vespertina de San Cristóbal, donde encontró grupos focales de menores que venían de comunidades a ejercerse como trabajadoras domésticas, a fin de acceder a la escolaridad.
“Ahí les preguntó: ¿qué les daba miedo de su trabajo?, y en ningún caso se habló en primera persona sobre la violencia asociada al género y a la violencia sexual; en el análisis entiendo que existe y que es un tema difícil de hablar en grupos focales”.
Invisibilidad
“Tenemos encuestas nacionales que miden el ámbito de violencia para mujeres de 15 años, pero no hay datos y no están captadas las situaciones en el tramo de edad de 12 a los 15 años”, apuntó.
Para la investigadora es necesario otro tipo de estudios que visualicen el tipo de violencia a las que se enfrentan las niñas y las adolescentes, las cuales deben enfocarse en el orden cualitativo para que den una idea de las situaciones y sobre cuántas mujeres -en este en este grupo de edad- pueden estar sufriendo violencia.












