øNos importanú

Cuando parece que ya nada puede sorprendernos de la delincuencia organizada, un nuevo crimen supera en crueldad y sinrazón al anterior. Decapitaciones, cadáveres disueltos en ácido, mutilaciones, tiro de gracia en la frente de mujeres y niños, granadas contra las multitudes. Ahora fue la matanza de 16 estudiantes de preparatoria en Ciudad Juárez. øCuál será el límite de la indiferenciaú Si no podemos responder a esta pregunta, los asesinos podrán seguir cobijándose bajo el manto de una población cómplice, por convicción o por apatía.

Las encuestas que se realizan sobre el tema a nivel nacional arrojan un amplio respaldo de la gente hacia el combate abierto y frontal de la administración de Felipe Calderón en contra de los narcotraficantes; sin embargo, una vez detectado el problema responsabilizamos al gobierno, en genérico, y sólo a él.

Como reacción ante la masacre de adolescentes, los legisladores federales exigieron la comparecencia de los secretarios de la Defensa, de la Marina y de Seguridad Pública. Muy probablemente harán lo mismo que ayer: debatirán sobre de quién es la culpa y exigirán resultados como si todo dependiese de la enjundia, convicción o buena voluntad de los funcionarios. Lo más lamentable será que el debate sólo será un elemento más para polarizar.

Esta masacre tendría que bastar para unirnos en contra del simplismo con el que seguimos abordando el tema del crimen organizado. Mientras creamos que este es un asunto que sólo corresponde al Estado resolver estaremos equivocados. Para ponerle un punto final a toda forma de violencia urge que en el resto de la sociedad nos reconozcamos como parte del problema y nos asumamos también como parte de la solución. Esto no tiene que ver con apoyar o no al gobierno federal, sino con la necesidad de hacer que nuestra razón se coloque por encima de la indolencia.

La muerte de estos jóvenes en Ciudad Juárez no merece sólo un minuto de silencio, sino lo contrario. Amerita una voz social potente. øHasta cuándo confesaremos que estas mafias sobreviven porque hay una sociedad que por negligencia o voluntad, les toleraú øHasta dónde dejaremos que se siga haciendo política barata con el tema, en lugar de exigir a los gobernantes, locales y nacionales, cuentas precisas por lo que está sucediendoú øCuánto tardaremos en cerrarle al crimen toda forma de reproducciónú

Esas 16 vidas merecen algo más que verse perdidas y olvidadas en el tiempo. (El Universal)