Nosotras empatizamos con la naturaleza: López Cameras

La restauración artística más reciente fue en la vivienda de Laura Tondopó Hernández, en el ejido Copoya. El Universal
La restauración artística más reciente fue en la vivienda de Laura Tondopó Hernández, en el ejido Copoya. El Universal

“Las mujeres y las casas de adobe tenemos algo en común: somos cíclicas y empáticas con la naturaleza; resguardamos el bienestar y la vida ante emergencias”, afirma la arquitecta Selene López Cameras, impulsora del proyecto de mejoramiento de viviendas autosustentables Mural de Tierra.

En el rescate y restauración artística de casas tradicionales participan mujeres que procuran un hábitat más compatible con el medio ambiente. “En los amplios y confortables espacios de las viviendas de barro, piedras, palos y cañas, las mujeres hemos parido y formado familias por generaciones”, dice.

La restauración artística más reciente fue en la vivienda de Laura Tondopó Hernández, madre de cuatro niños, en el ejido Copoya, de Tuxtla Gutiérrez. En su pared se plasmó un mural de material “crudo” que resalta el valor patrimonial de la cultura zoque, asentada en la región central de Chiapas.

En el trabajo se involucraron 14 mujeres de la comunidad, dirigidas por López Cameras, con la participación de arquitectas de la asociación FEM, que apoya proyectos de mujeres sobre diseño y construcción. Detalla que la pandemia no fue un obstáculo para continuar los proyectos, ahora en colaboración virtual con los arquitectos Marco Montero y Gabriela Guillén, dedicados al diseño que reconecta al constructor con la tierra que habita, mediante arcillas, arenas y fibras vegetales.

Añade que la base de esa edificación es la tierra desde su utilidad constructiva: adobe, tapial, bahareque, cob, revoque, que conforman los muros de una casa una vez que atraviesa etapas de interacción con el agua, el aire y el sol, a fin de transformarse en material habitable. La vocación de López Cameras por la restauración artística de viviendas basadas en las construcciones de los antiguos zoques de esta ciudad se la transmitieron sus abuelos, vinculados con las artes plásticas, la escultura y el campo.

Selene recuerda que siendo niña acudía al taller de su bisabuelo Francisco Cameras, en la ciudad de Arriaga, donde lo veía, junto a su abuelo Rogelio, realizar procesos meticulosos de elaboración de lápidas, esculturas angelicales y diseño de letras.

“El arte de mis manos lo heredé de mi familia materna. Mi abuelo Rogelio, un maestro que dedicó gran parte de su vida al trabajo escultórico en granito y yeso, ha sido una gran inspiración”, platica la mujer.

Del abuelo paterno Jesús López, aprendió el sentido de la convivencia telúrica: “Un agricultor de gran percepción sensorial quien intuitivamente me hablaba en caminatas por el rancho cada verano e invierno, sobre los procesos naturales y transformaciones de la tierra”.