Nosotros también...

La historia suelen escribirla los ganadores. El doctor Luis Carlos Ugalde no se encuentra entre ellos, sino entre sus víctimas sacrificiales. Fueron los partidos y las graves fallas jurídicas del IFE los que le hicieron la vida imposible y terminaron por orillarlo a una renuncia tardía y a marcar el triste derrotero de la institución y sus gemelos federativos.

El politólogo ha narrado su experiencia biográfica en el libro Así lo viví. El lunes 20 de octubre, en El Universal, el ex consejero presidente del IFE publicó un artículo con el mismo título en el que sintetiza las motivaciones que lo llevaron a escribirlo.

Es encomiable que haya decidido publicar sus vivencias y reflexiones sobre el periodo en el que presidió la institución electoral. Dos de ellas, entre otras, resultan opinables y fueron, durante su tiempo como consejero presidente y después, asuntos de debate público sobre los que la institución arbitral electoral no se pronunció con la firmeza ameritada.

El primero de ellos es coyuntural aunque, como casi todo lo que no es ocasional en una coyuntura, refleja fallas de fondo de la arquitectura de la institución. Se trata del acuerdo inducido por los partidos e indebidamente aceptado por el Consejo General de no dar a conocer los resultados del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) en caso de un empate técnico entre los partidos punteros en la elección presidencial de 2006.

El Consejo del IFE aceptó, con la aquiescencia de su presidente, que la información del PREP, pagada con dinero público, debería ser mantenida en la opacidad en dicho caso. El ex consejero acepta que el IFE no estaba preparado para la eventualidad de un empate técnico entre candidatos. La pregunta inevitable es: zy, entonces, para qué se preparaba el IFE? zPara qué se le destinaron los recursos formidables que recibió? zAcaso no había en la institución expertos en política (incluido él) que, a pesar del despiste de las encuestas, pudieran prepararse para un escenario renido, controvertido y, por ende, corrosivo para la institución electoral?

El otro fue notado en el momento por muchos observadores que dieron cuenta de que el IFE, originalmente una institución de inspiración cívica para arbitrar la competencia y el conflicto electoral, se fue convirtiendo en un aparato asediado primero y controlado después por los partidos políticos a través de su poder en la Legislatura. Mientras esto ocurría, el Consejo General trabajaba como si se tratara de business as usual. No lo reconoció a tiempo ni lo advirtió a la sociedad debidamente.

Coincido con Ugalde en que los resultados de la elección de 2006 publicados por la institución electoral reflejan la voluntad de los votantes, pero antes, durante y después de ese ano crucial el IFE fue comprometido en sus funciones, y quienes estaban al frente de él no pudieron mantenerlo a la altura de las circunstancias.

Sí, nosotros también lo vivimos. [email protected] * Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM