"Noventa de las mujeres más distinguidas de México por su notable contribución a las letras, las artes, la ciencia, el deporte, y en general todas las actividades profesionales, políticas, sociales y culturales se reunieron para revisar la situación de la mayoría de sus iguales de género que padecen discriminación laboral, violencia física y falta de oportunidades para su completo, sano y vital desarrollo como seres humanos.
Convocadas en vísperas del Día Internacional de la Mujer, que se festeja manana, y dentro del marco de las celebraciones por el nonagésimo aniversario de la fundación de EL UNIVERSAL, en 1916, cada una de las asistentes significa ideas, sentimientos y anhelos que bosquejan demandas de igualdad de derechos al tiempo que escucharon el llamado para que cada individuo tome su sitio en la batalla contra la violencia de género, ""que atenta no sólo contra la mujer sino contra nuestra vida en común"".
La sola reunión de estas mujeres fue una muestra de la contundencia de la mayor revolución social habida en menos de 100 anos, con el otorgamiento del voto femenino, que les abrió las puertas del poder, el derecho al trabajo, que las condujo a la autonomía, y la liberación sexual, que les significó el derecho sobre su propio cuerpo.
Su lucha ha sido larga y a veces parece interminable. Es una lucha que tiene que ver con su nueva ubicación en el contexto mundial, que quiere decir contexto laboral, social, político, económico, cultural; el contexto de las ideas, de la creación, de la reflexión, de la expresión y es una lucha, a fin de cuentas, de la mujer, en favor de las demás, en favor de solucionar viejos rezagos, porque lo conseguido al momento es mucho, si, pero todavía falta más: falta el respeto a su identidad, falta que deje de mirárseles como un milagro de la justicia y no un hecho de justicia innato. Falta que se les reconozcan niveles de igualdad laboral, profesional y vital. El respeto a la mujer es el respeto a nuestra condición humana: falta reconocerlo.
La revolución femenina es incontenible, pero no ha terminado; le falta no el enfrentamiento con el hombre, pero sí el estatus de igualdad que se requiere en toda sociedad moderna, en toda sociedad consciente de lo mucho que necesita de la mujer para desarrollarse de forma armónica, para crecer en su riqueza, en su sentido de la justicia y en la idea misma de que la mujer es factor de equilibrio. Aun hay prejuicios. Para muchos, la mujer preparada significa competencia; nuestro deber es hacer que sus derechos legítimos se reconozcan, que se respete su integridad personal y que no se les cierren las oportunidades de crecimiento para que asuman, asimismo, su responsabilidad íntegra en el desarrollo nacional.
Ellas mismas lo expresaron en la reunión convocada por este diario: el mundo no puede ni debe olvidarse que tiene una responsabilidad que cumplir y acatar con la mujer; el mundo sería muy diferente si en la toma de las grandes decisiones participa la mujer en igualdad de condiciones y de libertades y derechos. El mundo, ciertamente, podrá ser muy distinto el día en que no tengamos que hablar de desigualdad de género, sino cuando nos juntemos para dialogar y poner en la mesa de las discusiones las tareas que tenemos pendientes y la manera como la estamos cumpliendo, hombres y mujeres, en beneficio de todas y de todos.
Así, mujeres y hombres seremos responsables de la supervivencia y fortalecimiento de un mundo que nos pertenece a todos, por igual. Los compromisos de una sociedad compleja como la nuestra, no se agotan en el intercambio de buenos deseos; hay que construir realidades. (El Universal).
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