"El empeno del gobierno mexicano en la lucha antidrogas fue reconocido el viernes por el gobierno estadounidense en su reporte anual sobre narcotráfico, en el que destacó una serie de arrestos y extradiciones como evidencia de una°?nueva etapa°± en la que el gobierno mexicano ha recuperado su autoridad soberana y rebasado todas las expectativas en la lucha contra los cárteles.
Claro que el mismo documento senala que casi 90% de las drogas que llegan ilegalmente a Estados Unidos lo hace desde territorio mexicano.
Pero el documento divulgado por el Departamento de Estado pone de relieve que, en el 2007, ""México hizo esfuerzos sin precedentes y logró resultados sin precedente al atacar los corrosivos efectos del tráfico y consumo de drogas durante el primer ano completo del régimen de Felipe Calderón"".
En alguna medida, el reconocimiento es justo en cuanto al esfuerzo de las Fuerzas Armadas y policiales mexicanas, que han llevado el peso de una campana sangrienta a pesar de intentos de intimidación y una guerra sin cuartel, cuyos críticos recuerdan no ha estado exenta de abusos contra derechos humanos, pero en la que sus adversarios han dado muestras de un salvajismo absoluto.
Lo interesante son los elogios vertidos sobre el gobierno de Calderón. No porque las autoridades estadounidenses hayan omitido antes hacer ese tipo de loas respecto de gobiernos anteriores, especialmente durante el primer ano de gobierno, sino porque esta vez son expresadas en el marco de una propuesta que tal vez será discutida por el Congreso estadounidense: la llamada Iniciativa de Mérida.
Este plan implica la entrega de parte de Estados Unidos de equipos y entrenamiento en forma de una ayuda económica que según sus defensores permitirá que ese país deje de ser únicamente crítico y se convierta en socio del combate mexicano a las drogas, una lucha que a final de cuentas redunda también en beneficio de los estadounidenses.
De hacer caso al reporte del Departamento de Estado, ""el valor, iniciativa y éxito del gobierno de Calderón han excedido todas las expectativas"" mediante iniciativas para restablecer el control territorial y enfrentar el poderío de los cárteles de las drogas. Qué bueno que así sea.
Sin embargo, para los mexicanos, sobre todo aquellos que viven en las zonas bajo el ""control"" de los narcotraficantes o en disputa entre grupos de pandilleros, el elogio del Departamento de Estado suena hueco.
En términos reales, las palabras de aprobación o condena servirán de poco si no hay acciones del lado estadounidense para ayudar a una lucha iniciada por ellos, o sea, la ""guerra contra las drogas"".
En lo práctico, el envío de equipo y ayuda técnica será un gesto positivo, pero no será suficiente: Estados Unidos debe también hacer su parte y combatir no sólo el tráfico de armas hacia México, sino tratar de evitar que los cárteles reciban los cargamentos de dinero en efectivo que cruzan periódicamente la frontera y, sobre todo, esforzarse en reducir el consumo de estupefacientes.
Cierto. El gobierno mexicano ha emprendido una lucha y lo ha hecho quizás con mayor empeno que sus predecesores, pero el éxito está lejos todavía de los elogios que expresa el gobierno estadounidense, que aún está por cumplir -y quién sabe si pueda hacerlo- sus ofrecimientos en el marco de la Iniciativa Mérida.
Los adelantos en uno y otro sentido son de la mayor importancia política y policialmente. Sólo entonces podrá decirse que la colaboración bilateral es un éxito. (El Universal)
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