Nuncio consagrará templo de nuestra Señora de Fátima

Nuncio consagrará templo de nuestra Señora de Fátima

Con su forma de cáliz y una cruz imponente al frente, la recién construida parroquia de la Santa Cruz y nuestra señora de Fátima, en la colonia Santa Cruz de Tuxtla Gutiérrez, es una obra arquitectónica que pareciera emerge desde las alturas mientras uno se acerca a esta desde la colonia Albania Alta.

La colaboración y el esfuerzo de todos está presente en la construcción de la parroquia.

Al respecto, el arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, monseñor Fabio Martínez, reconoce que sí se han construido capillas en los últimos años, pero durante los años de su gestión no se había registrado la construcción de un templo parroquial completamente nuevo.

No obstante, calificó como importante la colaboración y el esfuerzo de todos, por eso lo que se pretende es que el pueblo vea que sus obras son suyas.

“Cuando en ese ladrillo está el sudor mío, amo más a la obra”, indicó.

Antes que él llegara a la arquidiócesis se construyó el templo de Villaflores, territorio parroquial que cumplirá 150 años en el 2026.

Consagración de la parroquia

Este domingo 5 de febrero será la consagración del templo parroquial en donde estará presente el nuncio apostólico de México, Joseph Spiteri, y aquí le compartimos parte de la historia de su construcción.

“Gracias, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios entendidos y a los sencillos se las has manifestado (Mateo 11:25)”, citó el párroco del nuevo templo, Rogelio Salinas Ángel.

“Yo tengo que ser el primero en agradecerle a Dios”, sostiene, al tiempo de comentar que desde que llegó en junio del 2018, convocó a cada capilla básica de la estructura y de la sede para presentarse y decirles que el proyecto se inició con anterioridad; también les dijo que llegó con la intención de acompañarlos en el crecimiento espiritual y las tareas pastorales, pero además tenían la encomienda de edificar el templo material para la iglesia (“que somos las personas que se reúnen”) y el templo, el espacio físico.

Por lo ambiciosa de la obra, el proyecto se veía lejano, pero “cuando yo vi el proyecto dije: bueno, pues en el nombre de Jesús se tiene que hacer, porque así lo quiere él”.

Manos a la obra

De esta manera, continuó, se hizo la convocatoria a los fieles y se les dijo que se tenían que redoblar esfuerzos en los trabajos y se buscaron todos los medios al alcance de la feligresía.

“Bendigo a Dios porque la gente me respondió, agradezco a cada uno de los fieles”, comparte mientras reconoce que recurrió al apoyo de algunos de sus amigos de infancia, quienes también sumaron, pero el esfuerzo mayor fue por parte de la feligresía.

Comentó que de alguna manera se pudo pensar en buscar apoyo fuera de la feligresía, pero se caería en un error, porque no solamente se pretende la edificación del templo material, sino que con el trabajo que la gente se demuestra su amor a Dios, su amor a la iglesia, porque con esto se está construyendo a la misma iglesia, se está enseñando a la gente a ser solidaria y a saber hacer sinergia.

“Conjuntar un esfuerzo para lograr un objetivo con mayor facilidad, porque no es lo mismo que solamente un grupito intente realizar las ventas o buscar los medios, a involucrar a toda la parroquia; yo involucré a las 11 capillas y a la sede”, comparte Rogelio Salinas Ángel.

El territorio parroquial no supera los dos kilómetros cuadrados, es relativamente pequeño, pero integra 11 capillas situadas en las márgenes con el libramiento Norte, hasta la tercera calle Poniente y hasta los límites con la colonia Las Granjas, y del otro lado limita con las colonias Albania y Las Casitas, a la altura de la calzada al Sumidero.

La iglesia son las personas, el templo es el edificio

El encargado de la Pastoral social y medios de comunicación de la Arquidiócesis de Tuxtla, Gilberto Hernández García, comentó que esta es la única parroquia de construcción reciente bajo estas características.

Como punto distintivo, compartió el involucramiento de la comunidad en este tipo de construcciones, ya que la Iglesia católica no le apuesta a que exista una empresa y realice la construcción.

Como una especie de pedagogía eclesial, la comunidad se va involucrando.

Agregó que como parte del desarrollo del entorno, las nuevas colonias y los nuevos asentamientos humanos, se va necesitando la atención espiritual.

Como ejemplo citó que en la parroquia de nuestra señora del Sagrado Corazón se tienen dos espacios nuevos en las colonias 2 de Marzo y Ángeles del Bicentenario, en donde las comunidades son sumamente pobres, pero la misma gente levantó un par de galeras, y “estas son muy importantes, porque son espacios de encuentro con Dios, ya que si bien es cierto con Dios nos encontramos en la vida cotidiana, es necesario tener este tipo de espacios privilegiados para reunirnos como comunidad, la cual va al encuentro de su Dios”.

Hay comunidades fuertemente activas, evangelizadas y evangelizadoras, que están en espacios provisionales, pero lo importante es la comunidad, porque se podrían tener grandes espacios pero ajenos a la vida del pueblo.

El proyecto arquitectónico y sus símbolos

El arquitecto responsable de la obra es Francisco Alejandro Rodas Lara, quien reconoce que fue invitado por el sacerdote Miguel Ángel Dimas y el ingeniero Jorge Rodas Lara, quien es su hermano.

Los proyectos inician con ideas y con el paso del tiempo van surgiendo nuevas ideas que se suman y con esto se logra concretar.

Cometa: “No hay un cobro, al contrario, es una gran oportunidad que Dios me da al hacer este tipo de proyectos”.

“La verdad, yo me siento muy agradecido con todas las personas que me invitaron, con los sacerdotes, el padre Gerardo, el padre Rogelio y con Dios más que nada, porque es el que mueve todo y para él todo”, expresa el arquitecto Rodas Lara.

Refiere que bajo el concepto de metáfora tanto descriptiva como formal, se inició con el proyecto, el cual anula los muros y permite que las personas que acudan estén lo más cerca posible de quien dirige la celebración eucarística.

En la entrada principal se observan unas pérgolas y una corona, así como una pequeña luna que forma el atrio, lo cual también forma una letra M en referencia a María, en donde se retoma la cita bíblica Apocalipsis 12:1 (“Apareció en el cielo una señal maravillosa: una mujer revestida del sol, con la luna debajo de sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza”).

Desde la parte de arriba se observa un cáliz (una copa), que incluye su base.

En la torre del campanario se tienen tres espacios que indican padre, hijo y espíritu santo, además de uno solo en donde está la campaña, que hace referencia a que es un solo Dios.

Así nació la idea

El ingeniero a cargo de la obra, Jorge Arturo Rodas Lara, refiere que el templo tienen una capacidad para alrededor de 400 personas.

Reconoce que le surgió una idea desde el año 2008, con la bendición de Dios y le fue platicando al sacerdote Jorge Pérez (QEPD), pero solo se quedó en una idea.

Al llegar el sacerdote Hernán Mancilla, se hizo la casa parroquial y se habló de nueva cuenta del proyecto, además de que se hizo sin proyecto, se hizo un cálculo estructural, además de estudio de suelo.

Al llegar el padre Miguel Ángel Dimas Cabrera, y ya siendo el año 2015, se le platicó el proyecto y el diseño, que se hizo junto con el arquitecto, por lo que se realizó una maqueta y se presentó para enseñarla a la población y con esto contagiarlos para que cooperaran para que el sueño de construir el templo se hiciera realidad.

La parte técnica

En el 2017 se inició con la construcción, la cual está en un terreno muy accidentado, por lo que se hicieron tres plataformas, y se hizo la cimentación con zapata corrida y escalonada, por los cambios de niveles, con doble parrilla y las columnas a cada seis metros, con varilla de cinco octavos y de media, con estribos de tres octavos y las trabes con una altura de aproximadamente 6 metros.

La cubierta se hizo con una estructura, por lo que se hizo con un cálculo estructural.

Reconoció que la presencia del padre Rogelio fue de gran impulso para concluir la construcción del templo.