Fue una derrota contundente. No obstante, el presidente la reconoció y se responsabilizó por ella. Declaró, al conocer los resultados, que no deseaba a gobernante alguno una paliza como la que él había recibido y comentó que la lección recibida lo obligaba a separarse de la oficina Oval para acercarse más al pueblo.
El pasado martes, los electores de Estados Unidos, agobiados por la situación económica que parece no mejorar del todo, dieron la mayoría de votos a los republicanos en la Cámara de Representantes, aunque lograron conservar el Senado. Los demócratas perdieron también once gubernaturas que pasaron a manos de los republicanos.
Pese a las amenazas sobre posibles ataques terroristas, los ciudadanos estadounidenses manifestaron, según reflejan las encuestas de salida, que la economía era su preocupación principal y, ante la falta de resultados del gobierno de Obama, decidieron darle la espalda. De acuerdo con información de AP, la mayoría de los votantes estaban preocupados por la dirección de la economía, y cuatro de cada 10 dijeron estar en una situación financiera peor a la que tenían en el 2008.
Sin duda, la reforma sanitaria promovida por el presidente Barack Obama, queda en riesgo. Habrá que ver qué pasa en enero, cuando el Congreso inaugure sus sesiones. Por lo pronto, Match McConnel, líder del Partido Republicano en el Senado, asegura que si bien no será fácil, intentarán obstaculizar la reforma de salud, y la mejor forma para lograrlo será negar los fondos necesarios para su puesta en marcha. Y aunque su interés está en presentar una nueva propuesta, saben que la posibilidad de que sea vetada por el presidente Obama, es real.
Para los demócratas, el objetivo de los republicanos al obstaculizar la reforma sanitaria, es el de favorecer los intereses de las grandes corporaciones, pasando por alto el bienestar de millones de estadounidenses. De hecho, Jim Manley, portavoz del líder del Partido Demócrata en el Senado, comentó que resulta significativo el hecho de que lo primero que aparece en la lista de pendientes de los republicanos esté el de devolver el poder a las grandes compañías de seguros.
No hay que olvidar que la salud no es un servicio público en los Estados Unidos, sino un negocio arrebatado a los grandes consorcios que esperan recuperarlo en breve.
La campaña de desprestigio orquestada por los republicanos contra el presidente Obama y su política económica durante el proceso electoral, caló hondo en el electorado que olvidó dónde, cuándo y cómo se gestó la crisis económica en los Estados Unidos y prefirió castigar a quien prometió remontarla sin el éxito esperado.
Hillary Clinton, secretaria de Estado, dijo que el triunfo de los republicanos no tiene por qué afectar la política exterior de su país. No obstante, eso no deja de ser una frase de discurso. La relación con México será más tensa y la vida de los inmigrantes más dura. La persecución continuará y seguramente adquirirá nuevos matices de severidad. No hay que olvidar que son ellos parte del argumento del desempleo y el empobrecimiento del pueblo estadounidense, que no ve aterrizar en sus bolsillos los discursos de que la recesión quedó atrás.
El gobierno del presidente Calderón deberá esperar nuevas señales, y los mexicanos esperar que haya el talento suficiente para enfrentar una nueva era en la relación con los Estados Unidos.











