El alto consumo de bebidas endulzadas y alimentos con alta densidad energética desde la infancia, contribuye a la ganancia de peso y aumenta el riesgo de obesidad en etapas posteriores de la vida.
De acuerdo con la coordinadora de la Maestría en Nutrición y Alimentación Sustentable, Erika Judith López Zúñiga, en el estado nos encontramos en “transición epidemiológica”, pues la obesidad en las zonas rurales está comenzando a ser más visible.
“No sólo estamos introduciendo alimentos procesados a nuestra dieta, las estamos llevando a las comunidades rurales”, dijo la nutrióloga en el marco del Día Mundial de la Salud que se conmemora este 7 de abril.
Alertó y lamentó que cada vez es más visible observar en las comunidades indígenas alimentos ricos en grasas saturadas, hidratos de carbono y el consumo de refrescos embotellados.
A este proceso se le conoce como transición nutricional y se ha estado gestando desde hace años en la entidad, donde la obesidad y la desnutrición en menores de edad están cada vez más presentes, sobre todo en las primeras etapas de la infancia.
Chiapas ocupa uno de los primeros lugares en consumo de refrescos, generalmente en la zona indígena de los Altos, donde el precio es más accesible, lo cual hace que el consumo sea mucho mayor y sea tan marcado culturalmente, ya que “desgraciadamente se introducen alimentos a muy temprana edad, y lo peor es que se introducen refrescos embotellados. Hemos visto a niños consumiendo refrescos en un biberón”.
De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición sobre Covid-19, los indicadores de desnutrición en niñas y niños menores de cinco años presentan la prevalencias más altas en los indicadores de desnutrición en la región Pacífico-Sur, en la que se encuentra Chiapas. Sin embargo, el sobrepeso y la obesidad aumentaron 2 % en la misma región; 12.7 % de la niñez padece estas enfermedades.
Con índices altos en grupos de alimentos no recomendables, las bebidas endulzadas fueron consumidas por 85.7 % de los preescolares, mientras que el 56.6 % consumió botanas, dulces y postres, y alrededor de 44 % cereales dulces y el 6.1 % algún antojito mexicano.












