En comunicado agregó que la corrupción “empieza en las familias y se difunde en todos los ambientes”, y “en la misma Iglesia hay casos lamentables, como cuando algunos catequistas reciben dádivas para exentar a alguien de las pláticas presacramentales o cuando algunos miembros de juntas o mayordomías de las fiestas patronales se quedan con ingresos que no les corresponden”.
Arizmendi Esquivel manifestó que “hay casos muy difundidos en los medios de comunicación, pero otros quedan ocultos y son igualmente dañinos para la comunidad, sobre todo cuando por la corrupción, los pobres, los enfermos, los ancianos y las escuelas se quedan sin los apoyos que necesitan para sobrevivir, y lo que debería ser para hospitales, para carreteras, para apoyar el campo, se usa para propaganda personal o electoral”.
Dijo también que “hemos de ser sagaces para no dejarnos engañar por quien, en sus campañas políticas, promete acabar por completo con la corrupción. Es un ideal por el que todos debemos luchar, pero hay que ser realistas, ya que aún en los mejores ambientes no faltan los corruptos que echan a perder los más nobles ideales”.
Por ello, aseveró, “todos hemos de empeñarnos en evitar este pecado social, y educar a los niños y jóvenes para que sean rectos, veraces y transparentes en la vida diaria y en la escuela. Si en el hogar hay corrupción, es muy difícil enderezar el sendero”.












