El obispo de la Diócesis local, Felipe Arizmendi Esquivel, afirmó que “es legítimo” que la población “se exprese, que salga a las calles y a las redes sociales” para manifestar su inconformidad por el alza en los precios de las gasolinas.
Agregó que “como pastores cercanos al pueblo comprendemos el enojo y la rabia de la mayoría de los ciudadanos, que se sienten defraudados y engañados con las promesas de que esos bienes y servicios bajarían de precio y ahora resulta lo contrario”.
Manifestó “que esto nos sirva de experiencia para no dejarnos embaucar por quienes ofrecen revertir esos aumentos, ahora que están ya en campañas presidenciales, pues no todo lo que se promete es posible ponerlo en práctica. No somos una economía autónoma y autosuficiente, sino dependiente”.
En un comunicado señaló que cuando a la gasolina solo se le aumentaban unos centavos cada mes, no lo resentíamos tanto; pero este aumento ha suscitado reacciones violentas por muchas partes. Todo se encarece y los sueldos son más que mínimos, para la mayoría.
Como Iglesia, abundó, “no nos compete hacer un análisis técnico y económico de las razones que llevaron a nuestras autoridades a tomar esta decisión; que los expertos en economía den su juicio si en verdad ésta fue la mejor decisión para proteger la estabilidad económica y evitar peores daños sino se hubiera tomado o si habría otras alternativas”.
Remarcó: “apoyamos al pueblo pobre en sus manifestaciones, pero no apoyamos la violencia destructora, los saqueos, el vandalismo, el atropello a los derechos de terceros, los bloqueos carreteros contra quienes nada deben y nada pueden hacer para revertir los aumentos”.












