El obispo de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel, invitó a los legisladores para que “vean qué se tiene que hacer” en cuanto a la exagerada colocación de topes en diversas carreteras.
En rueda de prensa dijo “va muy avanzada la ampliación de la carretera de Comitán a San Cristóbal para que sea una súper-carretera más transitable y rápida, libre y sin cuota, gracias a nuestros impuestos. Ya se está trabajando desde Tulancá hasta Amatenango del Valle y Teopisca”.
Sin embargo, abundó, “me molesté mucho porque en el tramo ya terminado, cerca de Tulancá, acaban de poner 21 topes, no demasiados altos como los que están un poco antes en la entrada a La Merced, que parecen muros, pero llama la atención que los pusieron en una comunidad donde hay muy pocas casas, y a pesar de que se les está poniendo un puente peatonal y otros servicios. ¡Qué absurdo! ¿Quiénes y por qué lo hicieron?”.
Entre San Cristóbal y Palenque, continuó Arizmendi Esquivel, “con un poco más de 200 kilómetros de distancia, hay más de 300 topes, y cada día aparecen nuevos. ¿No hay autoridad que regule esto? Las líneas de autobuses entre San Cristóbal y Palenque ya no pasan por esta carretera, sino que dan vuelta por Tuxtla y por Villahermosa.
Sostuvo que “con tantos topes, no solo se perjudica el turismo, sino la salud y la economía de las mayorías.
Analicemos dónde son realmente necesarios, y dónde no tienen sentido. Cuando hay una entrada de una carretera secundaria a una principal, o cuando se trata solo de una brecha de terracería que ingresa a una carretera pavimentada, no se debería poner tope en la carretera principal, sino más bien en la secundaria o en la terracería que se conecta a la principal. A veces, por esas carreteras de terracería, pasan menos de diez vehículos al día, y obligan a miles a detenerse. Los que deberían detenerse antes de conectarse a la carretera pavimentada serían los de la terracería, no quienes transitamos por la carretera nacional”.











