En su mensaje dominical, el obispo de Tapachula, Jaime Calderón Calderón, se pronunció por una cultura de verdadera y auténtica paz para que México tenga una vida digna. Hizo referencia al reciente mensaje al pueblo de México que hicieron tanto obispos mexicanos como pastores, a través del Conferencia del Episcopado Mexicano, y también a la comunidad católica por la profunda preocupación generada por la creciente violencia que se sufre en nuestro país.
En ese documento, los obispos mexicanos hacen referencia al reciente asesinato por parte de un civil de dos sacerdotes jesuitas dentro del templo católico de Cerocahui, en la región de la Sierra Tarahumara en Chihuahua. Señalan que no es más que una muestra de la falta de valores y sensibilidad a la que se ha llegado con la pérdida de todo respeto a la dignidad humana. Exponen que, de acuerdo con datos oficiales, se habla de casi 122 mil asesinatos a manos de criminales durante los últimos tres años y medio.
El obispo de Tapachula, Jaime Calderón, expresó que se ha dicho que el crimen en México se ha extendido por todas partes trastocando la vida cotidiana de toda la sociedad, afectando las actividades productivas en las ciudades y en el campo, además de ejercer presión con las extorsiones hacia quienes trabajan honestamente en los mercados, escuelas, en las pequeñas, medianas y grandes empresas. Los criminales se han adueñado de las calles de las colonias y de pueblos enteros.
Expuso que los obispos mexicanos, en unidad con el pueblo de México, “hemos hecho un respetuoso llamado a nuestras autoridades políticas a convocar a un diálogo nacional para emprender acciones inteligentes e integrales, con el fin de alcanzar la paz mediante una participación conjunta”.
El obispo de la Diócesis de Tapachula dijo que consideran que la paz es posible, “¡que tiene que ser posible!”. En esta tarea, señaló, “todos los ciudadanos de buena voluntad podemos ser aliados” y llamó a no perder esta oportunidad.
Enfatizó que se debe recordar que el fundamento del diálogo de los creyentes con los hombres y las mujeres de buena voluntad, es la ley moral universal.











