Las ondas sísmicas que generan los temblores pueden traer como consecuencia la apertura de grietas (y por ahí se puede fugar el agua) en zonas naturales o producir deslaves, situación que podría derivar en daños a la flora, fauna y hasta comunidades en el estado, puntualizó el doctor en Sismología e investigador de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), Óscar Alberto Castro Artola.
Con respecto a lo ocurrido en Metzabok (una laguna que se está secando), el especialista mencionó que se tienen estudios muy especializados para determinar qué factores están provocando que baje el nivel del agua (la autoridad dice que es por la sequía), aunque sí existe la posibilidad de que un movimiento telúrico genere aberturas en la tierra.
Recordó que un movimiento telúrico (choque entre dos bloques de rocas) produce ondas sísmicas que se propagan en los terrenos y estas pueden generar otras consecuencias que pueden ser negativas para el entorno.
Local
Sobre los últimos sismos que se han presentado en Chiapas y que en la semana uno fue de magnitud 5.4, comentó que esto no significa ninguna alerta debido a que forma parte de la actividad que es normal.
No obstante, reiteró lo que en otras ocasiones han dicho las autoridades: estar prevenidos ante cualquier evento; en los últimos días, aunque se han presentado temblores, estos no han provocado una situación atípica.
El Sistema Estatal de Protección Civil informó que hasta este 15 de agosto, en todo el país se han registrado 16 mil 674 temblores; de ellos, dos mil 368 ocurrieron en el estado, lo que significa que tiene el 14.20 por ciento de toda la actividad sísmica y se ubica en el tercer lugar nacional.
Contexto
El próximo 7 de septiembre se conmemorarán dos años de aquel terremoto de 8.2 grados de magnitud, cuyas afectaciones se reflejaron en 46 mil viviendas dañadas y tres mil instituciones que tuvieron afectaciones.
Es importante mencionar que en septiembre de 2017 este medio de comunicación informó que el movimiento telúrico ocasionó el desprendimiento de 13 rocas en las paredes del Cañón del Sumidero; incluso, hasta el mes de abril, al interior de esta reserva natural ya se habían registrado 30 deslizamientos de tierra, situación que derivó que personal de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) realizara un monitoreo.
El maestro de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) detalló que, al ser un estado activo, la población debe contar con un plan emergente y con los documentos más importantes, debido a que en cualquier momento se pueden presentar sismos.
Vigilancia
Al interior de la Unicach se llevan a cabo actividades de monitoreo de las actividades volcánicas y sísmicas, además se llevan a cabo investigaciones en estos dos temas. En lo que va de este 2019, aunque hay réplicas del terremoto, no se han registrado “picos” en los movimientos telúricos.
Chiapas se ubica en medio de tres placas tectónicas que hacen que en la entidad tiemble con tanta frecuencia; los nuevos trabajos, explicó, van centrados en la relocalización de los sismos en el estado a partir del terremoto, es decir, conocer a detalle si se registraron cambios en los patrones.
“Debido a que vivimos en una tierra muy activa”, dijo el investigador, se requiere de nuevos equipos y sensores que, más que para la investigación, servirían para el monitoreo y la generación de datos.
El área encargada de vigilar la actividad sísmica del país es el Servicio Sismológico Nacional (SSN); en el estado hay cuatro estaciones, en Tuxtla Gutiérrez, Tapachula, Pijijiapan y Comitán; las magnitudes que se miden son de 3.5 hacia arriba, para medir las menores a estas cifras se requiere de otros materiales.












