"La Organización de las Naciones Unidas presentó ayer un informe en el que identifica a Baja California, el Distrito Federal, Quintana Roo, Oaxaca, Tabasco y Guerrero como las entidades mexicanas con los más altos índices de incidencia delictiva y violencia en México. El informe recomienda a las autoridades mexicanas fortalecer las instituciones encargadas de la seguridad pública. Este informe se genera un día después de que el embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, y el Departamento de Estado norteamericano lanzaran una nueva advertencia a los ciudadanos de su país para que redoblen sus cuidados al visitar México, particularmente en las entidades mexicanas colindantes con el sur de Estados Unidos, en donde, aseguran, la guerra entre cárteles de narcotraficantes ha incrementado los índices de criminalidad.
Al respecto, el canciller mexicano Luis Ernesto Derbez reiteró el compromiso de nuestro país en el combate a la inseguridad, aunque rechazó que México tenga que aceptar algún grado de culpabilidad en el mismo. ""Hay situaciones difíciles. Seguiremos trabajando en materia de seguridad. Poco a poco se resolverá el tema"", aseguró.
La lucha contra el crimen organizado es una obligación del Estado y debe responder a los reclamos de la ciudadanía, que es la directamente afectada cuando la inseguridad parece salirse de control. Es un hecho que los números sobre la incidencia delictiva en el país, así como la experiencia cotidiana de los mexicanos, muestran que la delincuencia, lejos de replegarse, permanece intacta y, en algunas zonas del país, incluso aumenta de manera exponencial.
Las autoridades de todo el país y de los tres niveles de gobierno deben dejar de rehuir su responsabilidad y de aducir cifras estadísticas de dudosa confiabilidad para justificar logros en materia criminal, que aún no son percibidos por la ciudadanía.
Es tiempo, ya, de que los tres niveles de gobierno, el federal, estatal y municipal emprendan con seriedad y sin regateos un programa riguroso de coordinación policiaca, de seguridad y de inteligencia, para combatir todo acto violento y criminal. En esto no debe haber pretextos políticos, gremiales ni particulares.
Ahora bien, así como el país no rehuye a comprometerse en esta lucha, también vale anotar que resulta extremo que gobiernos extranjeros hagan un énfasis desmesurado de la delincuencia en México, cuando en términos generales los índices de criminalidad son, en muchos casos, de igual magnitud y volumen e incluso menores a los que existen en otras regiones del mundo, incluyendo aquellos lugares que hoy regatean a México una mejor comprensión de lo que aquí ocurre.
Inhibir el turismo o los viajes en general a nuestro país, por efectos colaterales que pudieran eventualmente sufrir sus conciudadanos, es tan desmesurado como si México pidiera a sus ciudadanos no viajar a Londres, Madrid o Nueva York, argumentando que son centros permanentes de atención terrorista.
Y si bien exigimos una coordinación eficiente a las autoridades mexicanas, también sería muy conveniente que aquellos países que se sienten afectados por los altos índices de criminalidad en México busquen una mejor coordinación interna para abatir el consumo de estupefacientes, lo cual es el origen de esta violencia.
Naturalmente la información que produce la ONU debe ser seriamente considerada por nuestras autoridades como una llamada de atención que debe ser tomada muy en cuenta. (El Universal)
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