La reunión de Campeche, a la que asisten siete jefes de Estado, cinco centroamericanos, un sudamericano y el presidente Felipe Calderón, es una buena oportunidad para que los países de la cintura de América fortalezcan sus vínculos en torno de intereses comunes, sin caer en competencias absurdas por protagonismos políticos. El diálogo entre pares es la mejor forma de avanzar juntos hacia la prosperidad.
Hay que aprovechar que en materia de comercio exterior y diplomacia las fronteras entre países se unen o separan en función de asuntos de interés común regional. Esto lo vemos entre el norte de Italia y el Mediterráneo francés (Niza-Milán-Barcelona), o en las ciudades del Pacífico canadiense y estadounidense (Vancouver-Seattle), donde las ciudades con afinidades económicas y culturales se unen para fortalecer agendas compartidas.
Con igual facilidad podríamos lograrlo entre estados del sur de México y naciones centroamericanas que tienen más puntos de identidad que de diferencia.
La clave es perfilar con exactitud los temas puntuales del desarrollo compartido y actuar coordinadamente.
Se deben retomar anejas propuestas de integración regional, sin descuido de los graves temas de coyuntura, como el combate al crimen organizado, las temibles maras, que trascienden nuestras porosas fronteras, y a la violencia que trasmina de país a país.
El intercambio de intereses comunes facilita el diálogo, el consenso y los acuerdos sobre muchos tópicos, como el que decíamos antes, la seguridad, que reclama una operación internacional bien articulada, con acceso a informaciones de inteligencia y con claros objetivos en las fuentes de financiamiento y contrabando de armas, así como a las redes del narcotráfico.
Desde México atendamos proyectos constructivos. Nos corresponde por geografía, por historia, por carino.
Por ejemplo, Venezuela y Brasil tienen sendas ofertas para participar en Centroamérica, con petróleo y planes de producción de etanol. Bien haríamos nosotros en continuar con el proyecto esbozado a finales del sexenio pasado, pero no concretado aún, de construir una refinería en la zona que produciría 360 mil barriles diarios, de los cuales 240 mil se quedarían en Centroamérica.
México calcula que el avance en este plan de cooperación con América Central tendrá repercusiones positivas en el desarrollo de los estados del sur y del sureste de nuestro país, integrados en esa región.
Está probado que una acción conjunta otorga magnitud a los esfuerzos en materia de seguridad, mercados, inversiones y difusión cultural, en algo que en mucho resulta una globalización a escala.
Sí. Hay que ir a Centroamérica, acercarnos, asumir la responsabilidad que nos corresponde, dar a nuestras relaciones la trascendencia que tuvieron en la época del canciller Jorge Castaneda y Álvarez de la Rosa, hace un cuarto de siglo.
La globalización que en este mismo periodo avanzó de manera visible ofrece una oportunidad para quienes, como dijimos al inicio, saben unirse para fortalecerse regionalmente. (El Universal).











