Opositores

"La carretera se hará ""sí o sí"", dicen que ha dicho el Gobierno del ahora llamado Estado Plurinacional de Bolivia, refieriéndose a una vía de 306 kilómetros a un costo calculado en 415 millones de dólares, cuyo objetivo es unir las poblaciones de Villa Tunari en Cochabamba (al sur) y San Ignacio de Mojos en Beni (al norte), dividiendo en dos el parque Parque Nacional y TCO indígena Isiboro-Sécure y los territorios indígenas.

El asunto es que la posición del ex líder cocalero opositor y ahora presidente de la República, ha virado 180 grados al pasar sobre la oposición incluso de las poblaciones indígenas en un país compuesto por 36 naciones y pueblos autóctonos, y determinar llevar a cabo el proyecto que deberá traer progreso y desarrollo a esa nación sudamericana.

Esta postura sin embargo recuerda el sinfín de oposiciones de este tipo que tienen que sortear los gobiernos en los países de Latinoamérica, desde Brasil hasta México, y más cercanamente en Chiapas, con los grupos que se oponen al desarrollo con agrumentos que aluden al derecho de los pueblos indígenas sobre sus tierras, sin percatarse que es en la integración que representan las vías de comunciación en donde reside la posibilidad más objetiva de superación e igualdad.

Quien tenga en la memoria el pasado de estos pueblos, no puede menos que ver con prudente respeto esas posiciones inamovibles cuando éstas son abanderadas por los pueblos originarios, sin que ello implique renunciar a criticar esas posturas, pero es el caso que ahora el actual presidente de ese país es criticado por este empeño positivo hasta por quienes estuvieron en la misma silla que él ahora ocupa. Es el caso del ex mandatario boliviano Carlos Mesa, quien ha publicado un extenso artículo en el diario español El País, del cual se retoman algunos datos, el que hace énfasis en las heridas a los pueblos indígenas, se entiende, con el propósito de exacerbar los ánimos indígenas sin darse cuenta que al mismo tiempo resta posibilidades de desarrollo a su país.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, abrió una herida que ya es profunda en el pueblo indígena de su país al insistir en construir una carretera que afecta sus tierras ancestrales, atiza.

La amarga ironía para los manifestantes que han reunido a casi una treintena de representantes de las naciones y pueblos indígenas para rechazar el proyecto, es que su presidente se llama Evo Morales Ayma, indígena aymara.

Así se las gasta el ex presidente Mesa.



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