Organilleros prueban suerte en Chiapas

Organilleros prueban suerte en Chiapas

El organillo es un instrumento antiguo que tiene una fuerte carga nostálgica, la tradición de tocarlos está principalmente arraigada en la Ciudad de México, pero quienes los tocan, en la actualidad se han aventurado a probar suerte en otros estados, como en el caso de Chiapas en donde poco a poco se han ido adaptando.

Estos músicos callejeros como el caso de Jesús Esparza y sus acompañantes, desde hace siete años vienen por temporadas a Chiapas, en donde poco a poco los han ido aceptando, principalmente llegan a las ferias o se instalan en las plazas centrales de las ciudades.

Instrumento

En la capital chiapaneca se les puede ubicar en la explanada del Parque Central, a un costado del Palacio de Gobierno estatal y del Palacio federal, en donde por turnos, Jesús, Jafeth o Angélica, tocan este instrumento que llega a pesar 50 kilos y que contiene por lo regular nueve melodías, en donde de cajón vienen las mañanitas.

“México lindo y querido, si muero lejos de ti, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí”, es la canción que se escucha mientras se observa el paso de cientos de chiapanecos que circulan a diario en ese punto de la ciudad y entregan una moneda a uno de los organilleros que mantiene su sombrero al revés para recaudar las ofrendas monetarias.

Jesús cuenta que vienen por temporadas y la gente ha respondido bien “gracias a Dios”, sin embargo, reconoce que al principio fue un poco complicado adaptarse, porque a la gente no les atraía y no conocían bien esta tradición, pero paulatinamente les ha gustado al grado de que “hasta se paran para admirar los aparatos de origen alemán, el cual fue traído en la época del Porfiriato y que toca melodías con cierto dejo de nostalgia”.

Explica que en la época de la revolución los tocaban porque no tenían otro medio para escuchar música, en ese tiempo habían más de 200 organillos, en la actualidad existen 43 que están repartidos en toda la República Mexicana, concentrándose la mayor parte en la Ciudad de México en donde hay 23.

Sobre la complejidad del instrumento, el músico señala que el lema del organillero es que “el problema no es tocarlos, sino cargarlo, al pesar 50 kilogramos aproximadamente”, por lo que mejor se mantienen en un punto de la ciudad para no andar cargándolo todo el día.

Con relación a lo que ganan, externa que es variable, a veces les va bien pero a veces solo “levantan” para los gastos. Ahorita, dice, vinieron por la Feria de Chiapa de Corzo en donde les fue bien al trabajar hasta 16 horas, desde la mañana hasta las dos o tres de la madrugada.