El término original surgió en los años 90 para describir el periodo que México transitó entre los sexenios de José López Portillo y Carlos Salinas de Gortari, una década desastrosa porque, lejos de crecer, el país se estancó económicamente y vio hacerse añicos sus esperanzas de sobresalir en el escenario internacional. Desde entonces dos cosas siguen igual o han empeorado: el desánimo de la población y la debilidad estructural de nuestra economía, ambos, puntos débiles que quedaron al desnudo en este año que termina.
Llegará así en pocos días el 2010, culminación de un decenio que, en cuanto al bienestar de los mexicanos, también será digno de olvido.
Bajo ese contexto parece broma para las nuevas generaciones que antes México fuera considerado una potencia emergente, categoría similar a la que hoy se le otorga a Brasil o China. No había razón para pensar lo contrario en los 60 y 70; desde mediados de siglo el país había disfrutado de una economía boyante, impulsada por un sistema político autoritario que definía, sin mesas de debate, sin oposición, sin contratiempos, los rumbos del comercio, de la industria y de la infraestructura. Un régimen político que, al mismo tiempo, impedía a las mayorías el ejercicio de sus libertades.
Cayó ese sistema a finales de los 90, pero los políticos que tomaron el control fueron incapaces de traducir la pluralidad política en beneficio tangible para la población. No supieron romper con un sistema tributario injusto e ineficiente, no quisieron aminorar la dependencia del petróleo, no diversificaron las exportaciones so pena de vivir a expensas de Estados Unidos, no les importó la ciencia y la tecnología. Pagamos el precio en este 2009 al ser el país más afectado en todo el continente por la crisis económica mundial.
Aún es tiempo de que esos mismos personajes que nos hicieron perder la última década hagan algo para salvar su nombre en la historia.
Con todo y su debilidad México disfruta de los bríos pasados, del tamaño de su población y de la magnitud de su comercio. Ocupa junto con Brasil, India, China y Sudáfrica una posición dentro del Grupo de los Cinco (G-5), naciones emergentes que juntas poseen 40 por ciento de la población mundial y concentran una parte creciente de la actividad económica en el mundo. El país posee ventajas competitivas en geografía, en riquezas naturales, en capital demográfico. Deberíamos ser mucho más de lo que somos.
El 2010, año del Bicentenario, será una oportunidad única para las élites que dirigen este país. Veremos si son capaces, cuando menos, de cerrar la década perdida con reformas en materia fiscal y política, necesarias para transformar el fracaso en esperanza.
El Universal











