Pacto rumbo a 2006

El secretario de Gobernaci—n, Carlos Abascal Carranza, se ha propuesto alcanzar, en el di‡logo que sostiene ya con los partidos, al menos dos resultados concretos: una agenda legislativa m’nima y la construcci—n de un acuerdo pol’tico para hacer m‡s transitables las elecciones federales de julio de 2006.

Abascal ha asumido esta tarea como central en el tramo final del gobierno del presidente Fox en que le ha tocado la conducci—n de la pol’tica interior y de las relaciones entre poderes y con los estados. Es positivo que exponga su intenci—n franca en una convocatoria abierta, psblica. Un pacto de esa naturaleza s—lo se obtiene con la buena disposici—n de los actores de la vida pol’tica, partidos, Congreso y gobernadores.

El pacto ha de entenderse como la voluntad de participar atenidos a ese c—digo, moderando las acciones que no est‡n reguladas, como los gastos de precampa–a, ateniŽndose a las reglas de la competencia civilizada y aceptando los resultados electorales o, ante la imposibilidad de hacerlo, impugn‡ndolos por las v’as institucionales. A cualquiera que sea el triunfador le convendr‡ la garant’a de una confrontaci—n justa con resultados confiables y respetados. Las impugnaciones sin fundamentos minan la seriedad de los partidos pol’ticos que las auspician y disminuyen su imagen ante los electores.

Importa, como Abascal lo pretende, que el compromiso con este pacto sea expresamente declarado por quienes tienen que suscribirlo. Por el momento ya se ventilan las posiciones de las tres principales fuerzas pol’ticas. Por parte del PRD, Leonel Cota reaccion— con reserva ante la propuesta de Abascal y dese— que se trate de un ofrecimiento real; en el PAN se apoya la propuesta incondicionalmente; y el PRI asn no se ha pronunciado oficialmente, pero algunos de sus diputados ya comienzan a asumir posturas hasta cierto punto favorables.

Los caminos de la negociaci—n se han iniciado, lo que siempre es necesario para generar un ambiente de respeto en estos adelantados tiempos electorales. Algunos diputados federales han querido que el Presidente ratifique la propuesta, aunque todo parece indicar que Abascal Carranza habla con la autorizaci—n presidencial y tiene tambiŽn sus propias facultades para actuar como lo est‡ haciendo.

Lo cierto es que esta propuesta rebasa por su importancia cualquier objeci—n y amerita que se le considere plenamente. Abascal ha sido cuidadoso y respetuoso en su trato con los legisladores y con los partidos. Para subrayar su actuaci—n apartidista en la alta funci—n que desempe–a, renunci— al consejo pol’tico del PAN no al partido y tiene como operador pol’tico a un pri’sta. No son signos menores en un escenario plagado de se–ales equ’vocas, malentendidos y confusiones.

Del mismo modo es relevante un consenso para lograr una agenda legislativa m’nima, que desentrampe del barrizal muchas iniciativas detenidas por motivos circunstanciales o partidistas y que, responsablemente revisadas y afinadas, pueden servir en muchos de los frentes del desarrollo nacional en los que nos hemos quedado a la zaga.

En lo que respecta a este caso, el secretario de Gobernaci—n ha hecho su tarea convocando reuniones con pol’ticos de todos los partidos para escucharlos, exponer sus planes, conciliar puntos de vista, allegarse informaciones y opiniones y labrar un proyecto pol’tico concreto, aceptable para todos. Tiene, entre otras, una ventaja: no aspira a ser presidente de la Repsblica.

La propuesta tiene bondades y todo indica que no atenta contra la dignidad de ningsn partido pol’tico. Por el contrario, el pacto, el di‡logo, el debate y el acuerdo, son la esencia de la democracia para construir un futuro con certidumbre rumbo a las elecciones de 2006. (El Universal)