Palma aceitera devasta la selva de Chiapas

Palma aceitera devasta la selva de Chiapas

Además de ser una pequeña ciudad fronteriza, Benemérito de las Américas padece altos índices de violencia. A esto se le suma grandes procesadoras de palma africana que amenazan con desaparecer sus recursos naturales, como así lo hicieron en comunidades de Guatemala.

Aunque en el vecino país algunas poblaciones han logrado retirar las grandes empresas de monocultivos, en Chiapas las autoridades poco han abordado el tema pese a que, a simple vista, la deforestación por las plantaciones de palma aceitera es visible desde las carreteras que atraviesan la zona selva.

Incluso el río Usumacinta, frontera natural entre Benemérito de las Américas y Guatemala, ya está siendo afectado por los residuos que las plantas contaminantes depositan en sus corrientes. Los pobladores aseguran que hay lagunas ya contaminadas.

Antecedente

Los cultivos iniciaron hace décadas, pero en 2015 comenzaron las complicaciones en la comunidad vecina de Sayaxché, en el Petén, Guatemala, donde la procesadora Repsa (Reforestadora de Palmas del Petén) provocó un ecocidio que acabó con al menos 20 especies de peces del río La Pasión.

Al poco tiempo la situación se reflejó en la selva de Chiapas, con la edificación de las procesadoras Oleopalma y Aceite Sustentable. Los testimonios relatan que las empresas y el gobierno de Manuel Velasco aseguraron que las condiciones de vida mejorarían “con monocultivos disfrazados de desarrollo”.

Los ejidatarios talaron árboles y plantaron palma africana sin el acuerdo de la asamblea ejidal para ocupar los terrenos de uso común, situación que provocó la compraventa ilícita de miles de hectáreas, lo que también causó desunión y susodichos beneficios nunca llegaron, explicó el asesor jurídico del caso e integrante de la Diócesis de San Cristóbal, Javier Balderas.

Residuos

Por si fuera poco, los desechos de las procesadoras son generados en grandes cantidades, asimismo moscas que la empresa ataca con malatión —un poderoso insecticida que también ataca al medio ambiente.

Los habitantes ya recienten las afectaciones a la salud con fuertes dolores de cabeza, náuseas, mareos, entre otros malestares. Por ello, las autoridades ejidales enviaron documentos al presidente Andrés Manuel López Obrador, pero aún no hay respuesta.

“Es triste escuchar la vida de nosotros con tantas carencias e injusticias”, dicen las autoridades ejidales. Antes de esta devastación “podíamos nadar en el río, pero ahora nos causa daño en la piel”, cuenta Anita, de 16 años, hija de un ejidatario de Arroyo Delicias.