"El partido en el poder tiene el reto de honrar su larga historia con un proceso interno democrático en este día en que, por fin, el PAN habrá de elegir a su nuevo Consejo Nacional. Hay una historia documentada de cismas al interior del partido en coyunturas semejantes, aun cuando era poco lo que había en disputa. Hoy, con el verdadero poder en juego, sólo la altura de miras y la visión de estadistas blindará a la agrupación de mezquindades y parroquialismos.
No es sólo porque la democracia se construye sobre sanos partidos políticos, sino porque uno de los panistas, Felipe Calderón Hinojosa, es el jefe del Ejecutivo, que esta elección interna cobra mayor importancia.
El Presidente de México ha debido enfrentar estos últimos seis meses no sólo a un sector de la oposición que lo desconoce, sino a grupos de su propio partido que, en aras de defender una agenda propia, no han reparado en acciones que debilitan al mandatario.
Se ha reeditado la vieja pugna panista entre clericales y liberales. Una mal ejecutada ""operación cicatriz"" no ha logrado persuadir a la opinión pública de que las divisiones que amenazan al PAN son insustanciales y en realidad ""se pegan pero se quieren"".
El 5 de marzo pasado, en este mismo espacio, hablamos de la importancia de que el PRI superara con éxito el relevo de su dirigencia nacional. Exactamente dos meses más tarde, el 5 de mayo, abordamos en el mismo sentido la celebración del VI Consejo Nacional del PRD. En ambos casos insistimos en la importancia de que tales institutos políticos superaran la prueba de las urnas y la democracia interna, porque eso es requisito indispensable para que se consolide nuestro sistema político-electoral.
Con más o menos incidentes, y uno que otro inconforme, el caso es que PRI y PRD avanzaron en sus respectivos procesos. Es de desearse que Acción Nacional siga el camino de la conciliación y deje a un lado los personalismos que nublan su futuro a todas luces.
Los tiempos presentan un reto para toda la clase política mexicana en cuanto a redefinir sus relaciones con el jefe del Ejecutivo, una figura omnipotente en el pasado. Ese reto lo es en especial para el PAN, su partido.
No hay cabida para las antípodas, la distancia -sana o no- o la simbiosis entre la Presidencia y el partido del que se origina su titular, como ocurrió durante buena parte del siglo XX. En el XXI hay que aspirar al equilibrio.
En conjunto, el panismo en pleno y Calderón -al elegir hoy a los 300 miembros del Consejo Nacional del PAN- podrían cambiar la historia delimitando ámbitos de partido y gobierno.
La política como espacio de trabajo en equipo donde la agrupación partidista sirva para nutrir ideológicamente al gobierno y desde luego al jefe del Ejecutivo como la máxima autoridad electa bajo sus siglas, pero sin servilismos ni chantajes.
Son graves las tareas del gobierno, ocioso enumerarlas. Baste recordar que ha sido la falta de acuerdos lo que ha impedido el desarrollo del país en los últimos anos. Si se necesita que todos los partidos políticos sepan negociar hacia el exterior, mucho más lo es que al interior de los mismos -en este caso del PAN- diriman diferencias con democracia y madurez. (El Universal)
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