Las tradiciones asociadas al Día de Muertos en este mes de noviembre no solo implica la visita de familiares en los panteones para estar un rato con los seres que han partido, puesto que la cultura en estas fechas es más extensa y permite reunir una gran serie de elementos: los altares, la pedida de la “calabacita tía” (en Tuxtla Gutiérrez) y hasta el consumo del pan de muerto.
La panadería “Las Álvarez” —en las fechas más importantes— se prepara para ofrecer al público el tradicional pan de muerto en varias versiones. Las personas compran los productos para colocarlos como ofrendas en los altares, pero también para que las familias los puedan consumir en estas fechas tan especiales.
Labor previa
Marlith Graciela Ocaña Álvarez, encargada de este emblemático lugar con 56 años de existencia, relató que desde hace un mes se prepararon con sus proveedores para tener todos los insumos necesarios para la realización del producto; además, hicieron pruebas para verificar el peso, tamaño, sabor e ingredientes.
Todo este trabajo se hace para que a partir de este lunes 31 de octubre y el martes (1 de noviembre) las familias tuxtlecas puedan disfrutar de los panes para las ofrendas como parte de las costumbres. Pueden escoger entre la rosquilla dulce (adornada con grageas y muy especial para consumir con chocolate), la blanca (que es un poco más ligera) y el pan de yema (que en la parte de arriba son diseñados con una figura que semeja los huesos de los fieles difuntos).
El pan “estrella” que tienen en este sitio (ubicado sobre la 3.ª Sur, entre 5.ª y 6.ª Poniente, núm. 639) son las cazuelejas, que además se hacen con mantequilla orgánica; la materia prima es entregada por un proveedor local. Aunque gran parte de la producción se hace por medio de pedidos, a quienes les guste acudir en persona a comprar, cada producto tiene un precio de 40 pesos con un buen tamaño por pieza.
“En el pan de yema, la característica principal es que no utilizamos ningún sustituto. Lleva la cantidad que es de yema de huevo, eso lo hace diferente”, complementó.
El secreto es hornear
El toque final para la elaboración del pan de muerto, relató, lo tiene el horno de barro. La leña es especial para evitar el humo (cuentan con el permiso de la autoridad) y eso le da un sabor adicional al producto.
Finalmente, en esta panadería que tiene 56 años de existencia en la ciudad, también preparan el llamado “reventado”, que es un producto grande, azucarado y lleva mucho huevo para que tenga la forma levantada. Es un pan especial, exclusivo, y que se realiza cada año.












