"El Partido Acción Nacional se busca a sí mismo en su proyección hacia el siglo XXI. Es un viaje que ha de interesar a propios y ajenos pues el PAN, por segunda vez consecutiva al frente de la Presidencia, todavía no sabe asumirse como partido en el gobierno y repite, a veces inercialmente, sus más de sesenta anos en la oposición, a la inversa del fenómeno ocurrido dentro del PRI, con problemas para ser oposición pero con el pragmatismo para intuir cuándo y cómo colaborar con el Ejecutivo.
No puede ni debe reeditarse la anoranza por el viciado régimen que hacía del partido en el poder una mera oficina de formalizaciones electorales, y un escalón sobre el que se erigía la Presidencia Imperial; pero para oposición, con la que hay basta. El panismo tiene que aclarar cómo relacionarse con quienes llegan al poder bajo su fórmula desde la más modesta presidencia municipal hasta la que nunca más debe llegar a ser Imperial.
En un foro realizado en El Universal, Manuel Espino y otros integrantes del Comité Ejecutivo Nacional panista, como Carlos Abascal, reconocieron la dificultad de definir su rol en la tarea de gobierno, pues saben que en el PAN se conserva un alto porcentaje de su diseno original de partido en permanente oposición.
En la incertidumbre del nuevo diseno aflora la reiterada declaración de que no hay pugna entre la dirigencia del PAN y el Presidente Felipe Calderón Hinojosa. Ambos se han empenado en disminuir la importancia de lo que desde afuera se aprecia con frecuencia no sólo como búsqueda de un nuevo sentido partidista, sino cuando menos como desarticulación entre grupos confrontados sobre el rumbo a seguir.
En rigor una de las ventajas panistas es su democracia interna, que no sólo permite sino fomenta la participación abierta de todos los que se han hecho miembros del instituto político. Los nuevos y los viejos.
Los enfrentamientos ideológicos más ardientes, sin embargo, se centran en la discusión por incluir a más ciudadanos en el partido o por cerrarse para que algunos panistas se asuman como los custodios del partido.
Esta discusión puede convertirse en fórmula para limitar la competencia, al reeditar un hamletiano dilema de ""ser o no ser"", planteando la pregunta una y otra vez de cómo se podría ""ganar el poder sin perder el partido"", como si esa disyuntiva fuera vigente y no se pudiera ganar el poder y ganar un partido democrático.
Es deseable, por su propia vida interna pero también porque robustecer el entramado partidista enriquece la democracia nacional, que cuando el PAN encuentre y exponga su nueva definición de partido fuera y dentro del gobierno, lo haga a tono con los retos del México actual, no sólo de acuerdo -en el mejor de los casos- de sus necesidades de vinculación con sus militantes, en cargo público o no.
Los partidos deben, en la construcción democrática en curso, ser incluyentes, transparentes y con visión de futuro no sólo con sólida herencia ideológica del pasado, que si bien puede ser motivo de orgullo no dará sino para loas a los padres fundadores.
Por el bien de México para el PAN de hoy, lo que no puede convertirse en una nueva brega de eternidad es el encontrar una nueva identidad. (El Universal)
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