Cuando un ser querido muere se desarrollan ceremonias o rituales representativos para despedirlos solemnemente, de acuerdo a las creencias y religión de cada familia, sin embargo, la pandemia vino a cambiar este proceso, ya que el aislamiento del cuerpo inicia en el sitio del deceso.
En este caso, si la persona falleció en el nosocomio o clínica donde fue atendida, desde ese punto se tienen que establecer los protocolos técnicos para el cadáver, limitando completamente el contacto por estricta norma sanitaria.
El objetivo de estos lineamientos sigue siendo salvaguardar la seguridad de las familias, del personal de Salud y de los servicios funerarios que son un enlace importante para que los cuerpos sean conducidos y tratados dignamente después de ser cremados o sepultados.
Recientemente, la ingeniera química, Perla Díaz Carachure, había mencionado que los cadáveres confirmados con el virus son un riesgo de infección para todas aquellas personas que tengan contacto directo sin el equipo de protección adecuado, esto por las partículas y gases que aún pudiera desprender el cuerpo.
Por tal motivo y ante esta situación, algunas funerarias de Chiapas internamente realizaron un mecanismo de recolección de cadáveres con todos los cuidados necesarios.
“En Funerales y Velatorios San Cristóbal nos dimos a la tarea de realizar protocolos de recolección de cuerpos de manera interna; lo elaboramos con antelación, mucho antes que se diera el primer caso Covid en Chiapas -específicamente en el municipio de San Cristóbal de Las Casas-, para estar preparados cuando sucediera ese momento inevitable que al final llegó”, explica la directora funeraria, Marcela Díaz Carachure.
Agrega que en esta preparación el personal tiene que ir listo desde la funeraria o al lugar que no está contaminado, con los equipos de protección específicos.
“Al regresar, se quitan conjuntamente overoles, máscaras y guantes, que se desinfectan y se depositan en bolsas RPBI para su desecho y evitar posibles focos de infección.
También, el vehículo y todo lo que estuvo en contacto con el cuerpo se tienen que sanitizar correctamente”, menciona.
Recolección de cadáveres
Cuando el individuo muere en la institución o clínica, el personal médico tiene que dar aviso a la familia, luego se procede a realizar el certificado de defunción.
Posteriormente, el equipo capacitado mete a la víctima en una primer bolsa especial para cadáveres.
En seguida, se informa del diagnóstico de muerte a la funeraria con la finalidad de que aplique sus respectivos preceptos sanitarios y de protección.
“Llegamos prestos con el equipo apropiado; el personal médico indica cuál es el cuerpo que debemos de recolectar, ya que ellos tienen el contacto de primera instancia y plenamente identificados los generales de la persona que falleció, para un entrega correcta.
Los trabajadores de la funeraria no pueden ver el rostro del muerto, ya que viene en una bolsa sellada desde que es entregado, aunado a eso, se mete en una segunda bolsa.
El equipo funerario debe de confiar en lo que está proporcionando la institución, con el nombre y la descripción de su generales”, comenta.
Desinfección correcta
Marcela Díaz explica que en este punto se mete el cadáver al ataúd y se van haciendo varias etapas de desinfección, “posteriormente el féretro se embala ya que no debe de ser abierto”.
“En el caso de incineración, usamos cartuchos de cremación (cajas de cartón especiales para occisos), ya que no deben de ser reutilizables los ataúdes y si no hay una desinfección correcta se puede trasmitir el virus.
Hay que recalcar que en los féretros convencionales el cuerpo es el que se crema, pero el ataúd no, por eso utilizamos los cartuchos para hacer el procedimiento conjunto y se extinga toda posibilidad de propagación”, asevera.
Confusión en normatividad
En caso de realizar el funeral que anteriormente correspondía en compañía de la familia y conocidos de la víctima, las autoridades recomendaron asegurar la distancia, un acto menor a cuatro horas, el cadáver con una bolsa al interior del féretro cerrado y envuelto en capaz de plástico, sólo con la presencia de los más cercanos.
En contraparte, “la falta de una redacción correcta de la normatividad puede provocar que exista una interpretación inadecuada”.
“La clínica comentaba que por protocolo son cuatro horas para poder hacer lo relacionado a la cremación o inhumación, entonces muchas familias pensaban que tenían ese tiempo para velarlo, inclusive también algunos médicos mal interpretaron la indicación. En ocasiones nos decían que los cuerpos no podían ser velados.
Creo que los funerarios, como al sector salud, inclusive la Dirección de Protección contra Riesgos Sanitarios (Dipris) y todos, estábamos enfrentando algo desconocido.
También hubieron argumentos donde se afirmaba que no se podía hacer el traslado de los cuerpos, y resultó que si, siempre y cuando fuera a lugares cercanos de San Cristóbal para que pudieran llegar en un tiempo pertinente, con la especificación de que en lo que va del camino se hicieran las fosas”, declara.
Destaca que otro de los detalles fue que en los pueblos originarios no cambiaban los cadáveres, esto por los usos y costumbres, sin embargo, “en este aspecto si faltó un poco de organización al inicio de los fallecimientos por Covid”.
Marcela y Perla Díaz Carachure afirmaron que fueron muy respetuosas de hacerles saber a las familias que los cuerpos no se podían trasladar, ya que había una instrucción, no obstante, en su momento hubieron contradicciones.
Sobrecupo de cremación
“En San Cristóbal por el momento no hay hornos crematorios, los hay en Tuxtla, Comitán y Tapachula; sabemos que esto fue bastante fuerte y también que hubo un sobrecupo de la capacidad de los hornos.
Había lista de espera al inicio de la pandemia para adquirir turno, esto representaba un foco de mucho más riesgo y propagación del virus al amontonar los cuerpos. Era mejor darles cristiana sepultura”, afirma Marcela.
Asegura que en San Cristóbal las autoridades se prepararon con fosas para los fallecidos por Covid, también para apoyar de alguna forma a las personas vulnerables que no tuvieran los recursos para pagar un lugar o espacio, ya que también indigentes sucumbieron.
“Otro de los casos es que habían muchos que no comulgan sus creencias con la cremación y lo idóneo era no tener expuestos los cuerpos tanto tiempo, pero sí darles un destino final adecuado”, manifiesta.
Preparación de protocolo
Marcela menciona que a nivel federal hubo la preparación de los protocolos, donde participó la Asociación Nacional de Directores Funerarios, en la que ella es delegada de dicha asociación en Chiapas.
“Nuestros dirigentes estuvieron reunidos para hacer el primer protocolo que fue la recolección de cuerpos por Covid, posteriormente se realizó ese despliegue a las entidades federativas.
Algo que es importante mencionar es que no hubo la profesionalización de algunas funerarias y en Chiapas no existía un censo de cuántas habían”, comenta.
Ante esta situación, Marcela y Perla se dieron a la tarea de elaborar un directorio para tener la cercanía, inclusive hasta con los que no están debidamente constituidos ni dados de alta en Hacienda, pero venden ataúdes.
“Se trataba en ese momento de la pandemia, por eso la necesidad de capacitar de una manera correcta y viendo el lado humanitario para erradicar cualquier posible propagación”, refiere.
Las también embalsamadoras comenzaron capacitaciones a título empresarial y humanitario a funerarios de diversos municipios de la entidad, con la finalidad de coadyuvar en el aspecto solidario con las demás empresas para que tuvieran un manejo adecuado de los cadáveres.
Personal equipado
Por su parte, la ingeniera química, Perla Díaz Carachure, explica que hicieron un protocolo interno de manejo de cuerpos Covid, debido a que “como estamos en la mencionada asociación, antes de que llegara inclusive a México la pandemia, nos vimos en la inquietud de elaborarlo para prevenirnos”.
“En algún momento este virus iba a llegar a nuestro país, pero no sabíamos cuándo ni con qué magnitud, por eso comenzamos a efectuar nuestro propio reglamento.
Algo que sí conocíamos es que este virus se propaga a través de vías aéreas, me refiero a la boca, nariz y ojos, por eso lo que marcábamos era proteger esas partes del cuerpo”.
El reglamento -comenta- también se elaboró de manera más digerible para las comunidades indígenas.
Perla hace énfasis a las situaciones que viven en los pueblos, ya que no todos tuvieron acceso a un equipo más sofisticado, pero sí lo tienen a una mascarilla o careta con la finalidad de que se entendiera que la protección es necesaria.
“En un caso extremo donde no hay tantas facilidades, sobre todo en los pueblos, ponerse una bolsa de plástico en el cuerpo era factible, sonará gracioso pero el polietileno hace su función que es proteger y es repelente al líquido.
Este instrumento que compartimos remarca el debido manejo de los cuerpos; siempre llevar sanitizantes, desinfectantes o sales cuaternarias de quinta generación, pero si no se puede conseguir este tipo de químicos, el cloro a una disolución correcta es recomendable”, expone.
Marcela y Perla dicen que en estos momentos de pandemia, los servicios funerarios se deberían de apoyar como gremio, pero “lamentablemente muchos no toman con responsabilidad esta profesión, por lo que sólo ven intereses económicos”.
El 18 de marzo, México registró el primer deceso por Covid-19, un hombre de 41 años que inició con síntomas el 9 de marzo aunado a que también padecía diabetes, desde ese momento la Secretaría de Salud encendió las alertas máximas para establecer estrictos protocolos sobre el manejo y atención de cadáveres.
El duelo y la posibilidad de dar el último adiós a nuestros seres queridos se extinguieron en la añoranza y desamparo, y hasta que la pandemia sea controlada en su totalidad y la nueva normalidad lo permita, la situación podría volver a restablecerse.












