Para curar la economía

Tenía razón el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, cuando dijo que a diferencia de las tragedias naturales de otros anos esta vez la infraestructura no fue danada. Siguen ahí los hoteles, las fábricas, las carreteras. El problema es que a diferencia de aquellos terremotos, huracanes e inundaciones, esta epidemia danó algo que no puede reconstruirse con ladrillos y cemento: la confianza del consumidor.

Hoy que sabemos que la influenza A H1N1 es menos peligrosa para la salud de lo que suponíamos, nos encontramos con miles empresas y trabajadores perjudicados por varios días de inactividad. En un escenario optimista, ese mercado interno se recuperará ahora que los consumidores retomen su vida habitual. Sin embargo, los gobiernos no pueden apostarle a eso; desde ya tendrían que estar realizando un dispositivo de reactivación económica con recursos federales y estatales. Los reflectores posados sobre el secretario de Salud deberán trasladarse sobre los de Economía y Hacienda, mientras que la OMS tendrá que compartir ahora protagonismo con el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Monetario Internacional.

En una situación muy difícil está el turismo, tercera fuente de ingresos del país. zQué turista de otra nación querrá venir a Cancún o al Distrito Federal después de lo vivido? Reconstruir la confianza del visitante extranjero será difícil porque la enorme cobertura mediática habrá labrado en piedra el vínculo entre la influenza y nuestros destinos de playa y ciudad. El gobierno federal tendrá dos meses, antes de la temporada alta que se avecina, para revertir el estigma.

Si no se comienza rápido con un programa de estímulos para una planta productiva danada y una estrategia de recuperación de confianza para el turismo extranjero, pasará mucho tiempo antes de que esos sectores vitales retomen el camino por sí mismos. (El Universal)