Para educar a los bachilleres

Con bachilleres que apenas saben leer y difícilmente conocen algo más que las operaciones aritméticas fundamentales, hacerles comprender matemáticas financieras y su repercusión social es tan difícil como pretender que un nino aprenda cálculo diferencial. Hacer obligatorias las materias de inglés, ética y civismo para adolescentes de entre 15 y 18 anos tampoco producirá hombres y mujeres respetuosos, corteces y, además, bilingües. Como tampoco han generado buenos articuladores del lenguaje ni modestos usuarios de la abstracción las materias espanol y matemáticas en la educación básica; las pruebas de la SEP y de la OCDE lo comprueban desde hace anos. La intención del empresariado al sugerirlo es encomiable, pero inocente.

Por un lado tenemos primarias y secundarias públicas con un cúmulo de cientos de temas inabarcables en apenas seis anos de ensenanza y maestros sin las condiciones para ello. El bachillerato a su vez tiene índices altísimos de deserción, factor que empuja a los jóvenes a la delincuencia.

Anadir materias no logrará corregir estos problemas de base. Es mejor enfocar esfuerzos en modificar la estructura misma de la educación básica y las estrategias de validación de estudios en el bachillerato, para tener los cimientos que permitan mentes dispuestas a aprender.



Tiempo de demostrar voluntad política

PAN, PRD y PRI prometieron nuevos consejeros del IFE esta semana. Luego del fiasco que protagonizaron en diciembre pasado al dejar el Instituto sin presidente, se les abre la oportunidad de cenirse a su palabra y así demostrar que la reforma al máximo órgano electoral sí fue en beneficio del país y no una mera venganza política por lo sucedido en 2006.

Un acuerdo que satisfaga a todas las partes daría un mensaje alentador hacia la ciudadanía. Mucho se ha dicho ya que 2008 es crucial para los acuerdos; si no hay pactos este ano, con dificultad se conseguirán después ya que este es un periodo sin elecciones importantes a cargos públicos. La renovación del IFE fungirá como termómetro de la disposición de los partidos a ceder en pos de la gobernabilidad del país.

Sin importar quiénes sean los candidatos de cada partido, ninguno puede ser innegociable, como ha sido el ministro Genaro Góngora Pimentel al PRD. Tomar esa actitud es certeza de fracaso. A nadie conviene, menos a los propios perredistas -si es que desean deslindarse de la imagen intransigente que los ha hecho perder preferencias desde 2006- dejar en manos de sólo dos partidos, PAN y PRI, la designación de consejeros electorales.

Las condiciones de fondo que generaron la falta de consensos no han cambiado: cada uno busca orientar al IFE a su favor con miras en los comicios federales de 2009 y 2012. La diferencia sólo se conseguirá si todos están dispuestos a perder algo al menos en parte. Es cuestión de voluntad. (El Universal)