Mujeres y hombres, niñez, abuelitos y abuelitas de todos los sectores de la sociedad se dieron cita para la celebración de la Virgen de Guadalupe, la “morenita del Tepeyac”.
Bien pudiera modificarse la composición musical en veneración a la Virgen de Guadalupe, en la parte donde dice: “(…) este cerro elijo”, por la de este “país elijo”, pues las y los mexicanos dejan en manifiesto su gran fe cada 12 de diciembre.
Esta vez, miles de feligreses se hicieron presentes en la parroquia de Guadalupe, en Tuxtla Gutiérrez, de todos los lugares imaginables de Chiapas, a los que se suman algunos que vienen desde México, e incluso estados vecinos como Oaxaca, Veracruz y Tabasco.
Una explosión multicolor, de sonidos, risas, porras, cánticos y aplausos se hacía presente a cada instante cuando las y los peregrinos así como grupos de antorchistas ingresaban a la parroquia construida en honor de la también llamada “Emperatriz de América”.
La multitud parece incontable mientras está a punto de concluir su recorrido e ingresar a la parroquia, a pie, ya sea descalzos, con sandalias, zapatos, cargando una maleta, un botiquín, sobre una silla de ruedas, a bordo de automóviles, camiones, motocicletas, motocarros, triciclos, carreolas, o quizá, con el apoyo de un bastón o una andadera, también sobre los brazos de mamá o papá, de los abuelos, abuelas, de las y los tíos.
Algunos corriendo o trotando, otros en sus rostros con claras señas de cansancio, haciendo un esfuerzo notable, incluso otros más bailando. La infinidad de expresiones puede considerarse indescriptible, pero todos coinciden en que lo más importante es demostrar su fe, debido a que la gran mayoría centra su petición a la virgen morena en los temas de salud, pues, aseguran, “si hay salud, se puede tener todo lo demás”.
Testimonio
En medio de la multitud —cerca del mediodía— hace su arribo a las cercanías de la parroquia un hombre que ya demuestra cansancio notable y dolor al avanzar, pues ha salido de casa al menos unas cuatro horas antes, estando a punto de lograr su cometido de cumplir su promesa de llegar de rodillas, pues pidió a la Virgen de Guadalupe por la salud de su hijo de menos de un año.
Es el señor Jorge Luis Avitu Sandoval, de 47 años, quien estuvo acompañado por su esposa Marlene, quien entre los brazos carga al hijo de los dos, Emmanuel, un pequeñito que cuando tenía dos meses estuvo a punto de perder la vida.
Su padre, Jorge Luis, como se podría pensar que lo haría cualquier padre en el mundo, imploró a la virgen por la salud de su hijo y a cambio se comprometió a ir de rodillas hasta la parroquia, sin importar que vive en la colonia Albania Alta, de la capital chiapaneca, un punto ubicado a unos cuatro kilómetros en el norte de la ciudad.
Al hecho de avanzar de rodillas se sumó el calor agobiante del ambiente y del asfalto, que en algunos momentos se convirtió en lacerante para sus manos, pues el cansancio lo obligó a avanzar a gatas en los últimos metros.
Durante las últimas cuadras, un integrante de uno de los grupos de voluntarios que brinda ayuda en casos de emergencia se mantuvo al frente de él, pendiente de su salud, pero en especial animándolo a concluir con esta promesa.
Antes de ingresar al atrio, un sacerdote bendijo con agua a la familia que avanzaba en medio de los aplausos y las porras de algunos que daban ánimo al peregrino que atrajo la atención de la mayoría.
Con las manos lastimadas y llenas de polvo, Jorge Luis logró su meta, llegar a los pies de la Virgen de Guadalupe; recibió una última ovación y de inmediato fue llevado, prácticamente cargado por un par de voluntarios, hacia una ambulancia de Protección Civil, en donde recibió atención médica prehospitalaria y se le permitió permanecer por un momento para recuperar un poco de fuerzas y después poder volver a casa con la satisfacción de cumplir su palabra.












