Al margen de los afanosos esfuerzos dirigidos a descalificarlos por su presunta parcialidad, los foros en el Senado para discutir abierta y públicamente la iniciativa presidencial para revitalizar a Petróleos Mexicanos llegaron a su fin con suficientes argumentos de quienes favorecen, se oponen o presentaron razones técnicas para reformar a Pemex.
Hubo consenso en dos cuestiones fundamentales: la urgente necesidad de fortalecer la industria petrolera dotándola de adecuadas facultades empresariales, con un efectivo Consejo de Administración mejor configurado, y la oposición a que se abra a la inversión extranjera, que muy malas experiencias dejó hace un siglo.
Durante los 21 foros de este debate hubo, amén de los previsibles desplantes de promoción política, un flujo muy rico de información y de observaciones, comentarios y advertencias de extraordinaria utilidad para los legisladores, que tienen en sus manos la decisión, y que sirvieron además para ilustrar al gran público, más allá de las simplificaciones, a menudo grotescas, de lo que en principio se llamó reforma energética, con exceso de sus alcances reales.
Ello fue posible por la participación variada de académicos, consultores, políticos, funcionarios públicos, gobernadores de todos los partidos, científicos y técnicos.
Estos dos meses de discusión se dieron mientras vemos desplomarse en casi medio millón de barriles, en el primer semestre, la producción del yacimiento de Cantarell, y mientras la importación de gasolina nos cuesta, en el mismo periodo, 7 mil 300 millones de dólares, 2 mil 500 millones de dólares más que el ano pasado, sin que el aumento se cargue al consumidor.
Pero el problema, como dijo el director de Pemex, Jesús Reyes Heroles, no es sólo financiero, sino de capacidad de ejecución, frenada por el exceso de candados y la imposición de metas sin recursos para cumplirlas.
Hay indicios de convergencia entre los partidos para lograr una reforma aceptable para todos. Queda por ver si ese consenso político será lo que necesita Pemex o es sólo un bálsamo político.











