A primera hora los “chinchines” empezaron a sonar entre el murmullo de fiesta que discurre en las calles de Chiapa de Corzo; el peculiar sonido advertía el espectáculo ecléctico entre magia, cultura y religión que encarnan los parachicos, y estaba por iniciar.
Y es que el día de ayer se celebró al Señor de Esquipulas, uno de los santos más representativos de este municipio, y punto de partida para la aparición de los parachicos en las festividades de Chiapa de Corzo, una de las más antiguas en Chiapas.
Miles de danzantes se dieron cita en la casa del patrón de los parachicos para acompañarlo durante su recorrido por los más de 10 barrios del Pueblo Mágico, en donde se visita casas e iglesias, llevando música y danza.
Al llegar a los sitios religiosos, los parachicos se acercan a los santos para agradecer por lo que les brindó en el año, siendo guiados por el “patrón de los parachicos”, cargo que pasa de generación en generación.
“Los santos a los que visitamos nos protegen, sabemos y sentimos que están con nosotros, somos gente que estamos apegadas a nuestra tradición, por lo que seguiremos bailando hasta que Dios nos de vida”, expresó Bersain Barrientos Escobar, parachico que lleva 72 años de danzar en esta celebración.
Los habitantes de esta ciudad lucían sus trajes típicos tradicionales, en el parachico el vestuario consiste en una una montera de ixtle a manera de peluca, con la cabellera rubia, una elaborada máscara de madera que imita las facciones de los españoles, además de dos paliacates, los cuales cubren la cabeza y cuello, con el fin de sostener la máscara.
Aseguradas en la cintura y sobre las piernas, llevan unas chalinas con flores bordadas, en chaquira y lentejuela, sobre el pecho dos cintas entrecruzadas, en las manos una especie de sonaja llamada “chinchín” y para el toque final una chalina de colores atravesado.
Las chiapanecas llevan un vestido largo color negro con flores bordadas de diferentes tonos, y accesorios en el cabello de listones, hacen que las calles de Chiapa de Corzo tengan un toque especial lleno de belleza y colorido.
Con forme avanzaba la mañana, cada vez más personas se unían a bailar al ritmo del tambor y el carrizo, el confeti lucia en el aire al ver pasar a los parachicos, quienes con entusiasmo pronunciaban ¡Que viva nuestras tradiciones muchachos! ¡Que viva nuestros santos muchachos! donde se oía la contestación ¡Que viva!.












