A las 09:15 horas de ayer domingo 15 de enero, decenas de chiapanecas y parachicos caminaron por las calles de Chiapa de Corzo para celebrar al Señor de Esquipulas, en el primer recorrido oficial después de dos años de pandemia.
Este año todo fue diferente, la feria se trasladó a un terreno a las afueras de la ciudad. Pero la algarabía por la fiesta que sincretiza la historia, la cultura y la religión siguió su curso, por lo que cientos de habitantes y visitantes se dieron fiesta en la plaza central para disfrutar de la música del tambor, carrizo y el baile de los “monos gigantes”.
Ritual
El ritual se realiza desde el año 1300 a. C., en los días aciagos del calendario vigesimal utilizado por la cultura de los chiapaneca, que llamaban Mu o Nbu; representaban los días muertos, el reordenamiento del mundo, según el investigador Mario Nandayapa. Es en ese contexto calendárico que se dan los detalles del ritual.
“Fue primeramente una manifestación ritual litúrgica de un culto precortesiano; cayendo después a una leyenda adaptada para darle una justificación mitológica. Tal es el caso de la leyenda, devenida de un culto agrario con la aparición, a principios de enero, de la brillante estrella de la constelación ecuatorial de Orión, a la cual se le llamaba Marianyhela (Marianguela); estrella que se venera, como la anunciadora o heraldo de la apertura temporal del ciclo agrícola venidero a mediados de febrero”.
Aquí es donde se origina el ritual de la fertilidad de la tierra, representada en la actualidad por el parachico, que porta un traje negro, una chalina bordada a mano, un sarape, una máscara de madera, un chinchín y una montera.
En la danza, el parachico mueve el chinchín simulando que va regando la semilla al tiempo que zapatea para “despertar” a la tierra. La música con la que danzan es creada por un tambor y un carrizo.
Con el paso del tiempo, se ha convertido en la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo y se le han integrado detalles a la celebración, como la parte religiosa. A decir de Nandayapa, la entrada de los parachicos a la Iglesia tiene más de 55 años.
Esto, cuando los conquistadores buscaban la evangelización, la lengua y su castellanización. “Vienen los españoles, buscan [deidades] similares y asocian a san Sebastián con la ritualidad de los chiapanecas”. De esta manera vinculan el ritual, que previamente fue pagano para los cristianos, con días dedicados a los santos. Pese a los cambios, los chiapacorceños (originarios de Chiapa de Corzo) comparten la tradición, pues se aferran a no dejarla morir al ser la más simbólica del estado. La imagen del parachico es tan representativa que hacen figuras de madera, metal, barro, cerámica, ámbar, y hasta hay una estatua en la entrada de Chiapa de Corzo.












