Paramédico y rescatista multifacético

Paramédico y rescatista multifacético

“Eres grande Osvaldón”, le dicen sus amigos. Y aunque mide 1.87 de estatura, en realidad se refieren a su gran espíritu de servicio. Es paramédico y rescatista: llega antes que policías y ambulancias. Enfermero y licenciado en Seguridad de Poblaciones Humanas ante Desastres. También le canta al amor como trovador de un conocido café. El es Osvaldo Romero Santiago.

La madrugada de este domingo, un auto se estrelló contra un árbol en el Libramiento Sur Oriente de Tuxtla. Osvaldo fue el primero en llegar. Aunque el conductor ya no estaba, en otras ocasiones sus hábiles manos han dado el auxilio en tanto arriban los paramédicos y la ambulancia.

Osvaldo milita actualmente como voluntario en la Comisión Nacional de Radio Emergencias pero ha servido en distintas corporaciones como Cerva e incluso en forma independiente.

Tuvo formación como enfermero. Hizo sus prácticas en la Cruz Roja Mexicana. Allí se adentró en el terreno de los accidentes y comenzó a fungir como paramédico y rescatista.

“Apoyamos con los compañeros en cualquier emergencia que se presente, siempre usando los protocolos, avisando al Centro de Operaciones de Emergencias (COE) que nos dan el permiso de transmitir y por medio de ellos recibir la atención de los paramédicos especializados, cuidando que el lesionado no sea movido por curiosos, así como cuidar la vialidad para que no suceda otro incidente”, explica Osvaldo.

Está satisfecho con su servicio de voluntario. Pero al escuchar la pregunta sobre su pasado, abre el cofre de los recuerdos y de él saca hermosos tesoros.

Dice que ha sido hermoso trabajar en hospitales cuidando de bebés prematuros.

De repente, al escuchar la pregunta sobre algo que lo haya impactado, una nube de tristeza nubla el cielo de su sonrisa.

Serio, triste, dice que ha visto morir a varios jóvenes, algunos sin vicios, con todo el futuro por delante. Y le duele.Pero algo que no se borra de su mente es la noche en que acudió al Libramiento Sur Oriente, por Rocamar. “Me tocó checar signos vitales. Un padre y su hijo estaban sobre el asfalto. La imagen fue impactante. Fue en febrero de 2015. Hace dos años”.

Osvaldo es honesto al decir que se conmovió por la escena; pero también se llenó de temor. “Ya no quería montar moto”, confiesa.

Agarró valor por la compañía de su novia, valiente solidaria, inseparable, que lo acompaña a todos los servicios. Ahora son esposos.

Osvaldo creció mucho física y emocionalmente, así como en el ámbito profesional, pero no siempre fue así. Su infancia fue difícil. Y otra vez se remonta al pasado. Hay sentimiento encontrados.

Cuenta que estudió en la Escuela Primaria “Eliseo Palacios” de Tuxtla. Y en su mente una persona llena el espacio total.

“Tuve problemas de aprendizaje y lenguaje. Y una maestra tuvo la paciencia, el tacto, el amor y la vocación de ayudarme”, dice a punto de llanto, de emoción y de gratitud.

“Ella nos llevaba a su casa, para darnos clases extras, especiales, sin cobrar nada, a los que teníamos problemas.

“Yo sufría continuamente de migrañas. Ella lo detectaba y en seguida me tomaba de la cabeza con una mano y con la otra hacia el cielo, oraba. Me curaba al instante. Es una persona muy católica. Es una bendición.

“Y en la Navidad siempre llevaba regalos al salón. A los varones nos daba aviones y a las niñas, muñecas”.

Osvaldo hace pausa. Y abre sus labios para decir: “gracias maestra María Morales Ruiz”.

Sí, ella es maestra. Un profesor solo vierte conocimientos en sus alumnos. Un maestro deja huellas y crea discípulos.

“La maestra María Morales dejó huella imborrable en nosotros”, dice.

Osvaldo respira, suspira, nostálgico, agradecido. “Ahí cuando no te dejen entrar a tu casa me dices”, dice sonriente.

Y no es que sea cerrajero de puertas, sino de corazones.

Con una cálida y grave voz le canta al amor y desamor. Como trovador de un conocido café se ha ganado la admiración de cientos. Lleva serenatas y no cobra un peso. Le gusta ver parejas reconciliadas.

Osvaldo lleva una vida plena de servicio. El único lugar donde cobra es en la Secretaría de Educación, donde funge como funcionario.

Osvaldo Romero Santiago nació y vive para servir. Su vida de servicio es una canción que rima con solidaridad, humildad, bondad… felicidad.