El Parque Jardín del Arte, ubicado sobre la 5a. Avenida Norte y 3a. Calle Poniente, fue pensado como un espacio en el que se reunieran de manera regulada, artesanos que comercializaban sus productos en la zona centro de la capital. Inaugurado a mediados de los años 90, el proyecto fue fructífero hasta principios del año 2000 cuando los artesanos comenzaron a emigrar y el área a ser descuidada por parte de las autoridades locales.
Hasta hace un año el Parque Jardín del Arte era escenario de campañas de mantenimiento y actividades que buscaban su preservación, sin embargo, actualmente se puede encontrar a un sólo artesano comercializando sus productos en el lugar. Se trata de Gumaro Villagrán Pantoja, originario de Tehuantepec, Oaxaca, quien formó parte del grupo reubicado cuando el proyecto apenas nacía. Él trabaja con materiales como el ámbar, el alambre de alpaca y semillas, creando piezas como pulseras, collares, anillos y figuras, entre otras.
Los demás artesanos, señala Villagrán Pantoja, comenzaron a retirarse pocos años después de la reubicación, a causa de la baja afluencia de personas interesadas en sus productos, ya que menciona, los artesanos se vieron afectados cuando al moverse, perdieron la clientela acostumbrada a adquirir sus artesanías en el Parque Central de la capital, y de esto, hace ya 20 años.
Actualmente todavía arriban al parque otros artesanos para vender sus productos, pero esto de manera eventual, por lo que el espacio permanece en un parcial abandono; hasta hace poco no contaba con alumbrado y actualmente el único apoyo prevaleciente es la limpieza periódica que recibe, sin embargo, además de los artesanos que se han marchado, el desaprovechamiento de las áreas que ofrece es otro de los factores de su declive, ya que anteriormente se impartían talleres de pintura, dibujo y teatro, dirigidos a niños y jóvenes, además de contar con un pequeño escenario en el que se presentaban espectáculos culturales.
Sin una garantía de pronta recuperación del antiguo esplendor del parque, Gumaro Villagrán permanecerá ahí para crear y ofrecer sus artesanías al escaso público que aún arriba al lugar buscando resguardo del sol a la sombra de sus árboles, o bien, los esporádicos peatones que por ahí transitan a diario.












