El exgobernador Pablo Salazar Mendiguchía presumió a Puerto Chiapas como obra de su gobierno y olvidó que el proceso de reconstrucción, a final de su sexenio, condenó a la miseria a unos 13 mil chiapanecos de la franja costera a los que nunca llegaron los apoyos para volver a tener una vivienda.
Pretendiendo la desmemoria que caracterizó a su gobierno, Salazar subió a su cuenta de Twitter (desde donde permanece burlándose de sus críticos y detractores) que a quince años de entrada en funcionamiento, Puerto Chiapas seguía recibiendo barcos cruceros.
El exgobernador olvidó -con mala intención, con soberbia- que durante octubre de 2005, el huracán Stan devastó la Costa, arrasó unas 700 mil viviendas y dejó en la calle a casi 2 millones de chiapanecos a los que borró de la prioridad de su administración y abandonó a su suerte.
Pablo, el exgobernador más odiado en Chiapas, intentó adjudicarse la obra de Puerto Chiapas precisamente ahora que los gobiernos federal y estatal pondrán en marcha las Zonas Económicas Especiales.
Stan, 10 años de la tragedia
A pesar de la nueva intentona de Pablo Salazar de retomar Puerto Chiapas como obra suya, el pasado lo condena, pues las evidencias demuelen su percepción ególatra de grandes transformaciones, cuando en sí, fueron retrocesos, saltos al pasado, abusos de poder, abandono y olvido.
Stan marcó un gobierno que solo pretendió el relumbrón, que cuando se trató de reconstruir de verdad, prefirió dejar la tarea a la siguiente administración. No hizo más por conseguir recursos y durante un año pretendió ocultar el problema, engañar a los afectados y cerrarse a la demanda sentida de los más necesitados.
De Stan, para la reconstrucción, solo se recuerda la intervención del Gobierno federal en la carretera Costera que cruza de Arriaga a Suchiate, puentes que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), que así volvió a poner de pie parte de la infraestructura regional.
La red ferroviaria se dañó para siempre (ésta es la fecha en que sigue cortada de forma intermitente), y las cientos de miles de viviendas permanecen ahí: como el recordatorio permanente a Salazar de que su gobierno falló, al final, tanto como al principio.












