Al celebrar el domingo de Pascua de la resurrección del Jesús, el obispo de Tapachula, Jaime Calderón Calderón, afirmó que esta importante celebración llega en medio de un entorno ensombrecido por una realidad adversa que diluye la imagen de Dios, en la que descansa la dignidad de cada una de las personas, debido a la violencia y los problemas migratorios que se viven.
Refiere que, a propósito de la violencia, la migración y la resurrección, la Pascua, la madre de todas las vigilias, fiestas y solemnidades, “llega a nosotros con una realidad que diluye la imagen de Dios en la que descansa la dignidad de cada uno de nosotros”.
Dijo que “esta realidad adversa tiene muchos fenómenos que si se enlistaran no se acabaría nunca y hundiría en el desánimo y la impotencia de verse frente a una avalancha de mal que envuelve y arrastra a las personas”, no obstante, a la par de todos aquellos que comparten esa realidad dolorosa, la violencia y la migración, “son los dos látigos cuyos azotes se sienten más”.
Señaló “¿cómo celebrar la Pascua en medio de estas dificultades que nos abruman? ¿Qué puede decir el acontecimiento más grande de la historia a nuestro ánimo debilitado por esa realidad que nos circunda?”.
Detalló que cuánto daría porque la Pascua “fuera un pase mágico de Dios que pusiera a las personas en otra realidad, sin embargo, la Pascua no es un acto de magia que cambia automático la vida en algo paradisíaco, pero sí transforma la vida, porque el Señor Jesús redime con su vida llevada hasta la resurrección”.












