Paso a desnivel, entre el progreso y las incomodidades

Paso a desnivel, entre el progreso y las incomodidades

Desde la semana pasada, cuando fue colocada la primera piedra del segundo nuevo paso a desnivel en Tuxtla Gutiérrez, comenzó un ir y venir de trabajadores en la zona.

En el cruce que forman el libramiento Sur y calzada Andrés Serra Rojas hay una serie de negocios, entre ellos al menos cinco moteles que tendrán que adaptarse a los trabajos, que significan progreso, pero por ahora generarán ciertas incomodidades.

Ahí, donde inicia la calzada a Cerro Hueco y se ubican colonias como Los Pájaros y Colonial, se construye una de las obras que prometen agilizar la circulación para quienes cruzan diariamente la capital del estado, de oriente a poniente.

Por aquí no

Desde la Escuela de Trabajo Social, entrando de Chiapa de Corzo, se hace lento el avance de los autos.

Un poco más adelante, a la altura de varias tiendas de materiales y la Central de Abastos, de plano se hacen cuatro filas de vehículos, mientras dos agentes de Tránsito del Estado, con dos conos naranjas que les llegan hasta la cintura, intentan agilizar el paso de los conductores.

Los “azules”, con el cubrebocas de tela bien puesto, desvían el tránsito hacia la avenida Central y hacia el libramiento Norte, donde los embotellamientos han aumentado.

Quienes deciden ir por el sur, hacia la Secretaría de Seguridad Pública son advertidos que, al llegar al crucero con Serra Rojas, tendrán que virar a la derecha o la izquierda para continuar su camino.

En pleno crucero donde ya iniciaron los trabajos del nuevo paso a desnivel, cuyo costo oscilará en los 270 millones de pesos, otro grupo de agentes de Tránsito orienta a los automovilistas, quienes hacen gestos de incomodidad pero continúan su camino.

—Por aquí no, joven, puede irse por la novena Sur o subir hasta Cerro Hueco.

¡Pásele, pásele!

Desde una gasolinera que se ubica en libramiento Sur y la calle del Pensil, se corta la circulación normal.

Metros delante de una distribuidora de autos japoneses hay un encajonado por las labores que se llevan a cabo.

Un par de trabajadores, con casco blanco y chaleco naranja alertan a quienes pasan a pie por ahí: se puede transitar, pero con precaución.

Hay lodo, hay piedra, máquinas haciendo mucho ruido y hombres trabajando.

Dos moteles que se ubican justo frente a la construcción tienen acceso, pero es necesario seguirse de frente sobre libramiento Sur de poniente a oriente, luego del cruce con el bulevar que baja hacia “El cerro del jolote”.

Una máquina de esas que tienen forma de dinosaurio con un largo pescuezo, es la que más trabajo realiza, por ahora.

Mientras el operador rompe la carpeta asfáltica y comienza a excavar, los empleados de una gasolinera que se ubica pasos adelante de donde estará el nuevo segundo paso a desnivel hacen “malabares” para atraer a los usuarios, quienes no han dejado de llegar, porque tiene fama de que es una de las que más “copeteados” da los litros.

Con cubrebocas KN95 y unas franelas rojas ondeando en la mano derecha llaman a los que llegan a cargar gasolina.

Una farmacia, una tienda de materiales, un negocio de barbacoa de borrego y una más de tortas tendrán que hacer lo mismo para que los clientes no crean que no hay servicio.

Los vendedores ambulantes que siempre estaban en ese crucero han migrado en busca de otros espacios, seguramente muy peleados en estos tiempos de crisis.

Ya no habrá chicharrines, chicles, plátano deshidratado, ni bolis. Tampoco un malabarista flaco que se trepaba en un monociclo y que lanzaba al aire sus bolos.

Ya no regresarán a este sitio nunca porque los carros se seguirán de frente hacia el otro lado de la ciudad. Es la modernidad. Unas por otras.