Patrocinio en la Facultad de Derecho

Patrocinio en la Facultad de Derecho

Al ex gobernador chiapaneco, Patrocinio González Garrido, se le preguntó: ¿Qué puede decir de sus estudios en la Facultad de Derecho de la UNAM?

La prioridad del grupo político que conformamos en la preparatoria siguió vigente; sin embargo, lo importante era ser buenos estudiantes y lo logramos, así como desarrollar nuestros planes. Debo decirte que a las clases acudíamos de traje y corbata, y las compañeras con falda y blusa, aún no usaban pantalones.

En 1953 nuestro propósito fue ganar la presidencia de la Generación 1952. En su oportunidad tapizamos la Facultad de mensajes de la planilla azul grana que me postuló para presidente de la Generación. En las vicepresidencias me acompañaron Miguel de la Madrid Hurtado y Mario Humberto Ibarrola, quien lamentablemente murió años después. El colorido, organización y recursos que utilizamos para la campaña causaron buena impresión. Antes de empezar ya habíamos ganado porque el triunfo en política requiere de una propuesta clara, sentido de la oportunidad y de organización, de mucha y buena organización. El 6 de mayo de ese mismo año rendí la protesta. Asistieron al acto funcionarios de la UNAM, personalidades intelectuales y políticas que por lo general no acuden a esos eventos.

Quiero comentarte una experiencia que viví con mi hermano Salomón, que también estudiaba Derecho.

Ocupamos los espacios políticos que nos habíamos fijado, así, llevamos al Consejo Técnico a Manuel Gurría Ordóñez y a Agustín Alanís Fuentes, al Consejo Universitario a mi hermano Salomón. En ese contexto sucedió que la Sociedad de Alumnos de la Facultad, cuya presidencia estaba a cargo de Porfirio Muñoz Ledo, conjuntamente con la Federación Estudiantil Universitaria, apoyaron a la rectoría para que se eximiera a los alumnos del requisito de asistir a clases para tener derecho a presentar exámenes. Combatimos esa propuesta al pedir asistencia obligatoria con el irónico argumento de que los otros querían “una facultad sin clases”. Con nosotros concordaban los maestros que deseaban elevar el nivel académico. El asunto se turnó al Consejo Universitario, en donde el único voto en contra de esa propuesta fue el de Salomón. Muñoz Ledo estaba feliz, por tanto, a él y demás alumnos no les contaron su presencia a las diferentes materias. Subrayo que en la vida pública Porfirio ha tenido éxito, pero nunca obtuvo el título de licenciado en Derecho. En época reciente, su intento por reelegirse como presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados mediante un proceso ilegal, es un fiel reflejo de su personalidad.

El rector de la UNAM, Nabor Carrillo Flores, no quería el escándalo público que despertó esa querella y trató que Salomón rectificara, aunque fuera parcialmente, mediante promesas atractivas como un viaje a Europa, entre otros ofrecimientos tanto para él como para mí, pero se negó.

En esas fechas mi papá, subsecretario en la Secretaría del Trabajo cuyo titular era Adolfo López Mateos, fue citado por el presidente Ruiz Cortines para acuerdo, lo que en ese entonces era inusual que se hiciera con un subsecretario. Platicaron sobre temas políticos y mientras tomaban un café le dijo:

Amigo Salomón, ¿qué hay de los hijos?, platíqueme de ellos.

Mi papá metió la mano en la bolsa de su saco y le expresó:

Señor presidente, son muy independientes, respeto su libertad porque es la única forma de que aprendan y no me atrevería a tratar de influir en sus determinaciones. Sé que el problema que han generado en la UNAM es mayor de lo que ellos creen, pero estoy decidido a no intervenir y por eso me permito presentarle mi renuncia.

No, amigo Salomón, respondió el presidente, ni usted ni yo vamos a influir en sus determinaciones. Le pregunté por ellos porque sé que ambos son inquietos y firmes en sus determinaciones. Olvide lo de la renuncia, tómela y llévesela. Dígales que sean firmes y prudentes, muy prudentes. Les falta recorrer un largo camino, pero van a llegar lejos.

Mi papá le agradeció e informó de lo ocurrido a López Mateos, quien le hizo saber que ese asunto lo tenía preocupado, “…aunque Salito hizo lo correcto”. Al detalle, mi papá nos platicó esto muchos años después y recordó cuando nos quejábamos de algunas travesuras que hacían nuestros hijos y nos recomendaba ser pacientes, prudentes y, sobre todo, respetuosos con ellos.

¿Cuándo inicio su vida laboral?

Siendo estudiante de Derecho empecé a trabajar dando clases de educación cívica a las siete de la mañana en una escuela secundaria de Cuajimalpa. Ahí me di cuenta de lo absurdo que es el sistema educativo nacional, que desde siempre ha confundido lo nacional con lo uniforme. Mis alumnos se ausentaban para ir a cultivar o a realizar otras tareas en el campo para ayudar a sus padres. Consideré que podíamos sustituir la clase de inglés por la de prácticas agrícolas, que inventé. El director de la escuela aceptó mi proyecto, pero que lo hiciera bajo mi responsabilidad. No pedí permiso a la Secretaría de Educación para llevar a cabo una medida que me parecía pertinente. Convencí al maestro de inglés para que siguiera cobrando sin impartir su materia y comencé a dar la materia de prácticas agrícolas. Platiqué con mis alumnos y sus padres sobre la importancia de usar abonos orgánicos, que si bien los tenían no los sabían aprovechar. Otro tema que expliqué y aplicamos fue la pequeña irrigación, para lo cual construimos bordos para propiciar la retención del agua, incrementar la humedad y evitar el arrastre de los suelos. Todo iba bien hasta que un día llegó el inspector escolar y se enteró de lo que te relato. Dijo a los alumnos y a sus padres que irremediablemente perderían el año escolar si me seguían haciendo caso, que debían estudiar lo que ordenaba la Secretaría de Educación, y que el inglés era mejor que jugar a la agricultura. Al maestro de inglés y a mí nos reportaron, ¿qué te parece esta experiencia?

Sin dar tiempo a la respuesta, agregó:

Mi segundo trabajo lo obtuve en la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, mi nombramiento era de archivista, el más bajo en el escalafón, por lo que me tocaba hacer de todo: contestar los teléfonos, registrar documentos, llevar correspondencia a otras oficinas, atender a la audiencia y cosas por el estilo, con bastante tiempo libre, que me servía para estudiar.

En esa misma dependencia al maestro Arturo Arnaiz y Freg fue designado jefe de prensa a comienzos de 1953. Previa charla que tuvimos pidió que me comisionaran con él. A su oficina había llevado gigantescas cajas llenas de revistas y periódicos, con artículos marcados. Me dijo que mi trabajo consistiría en recortar y pegar esas notas en hojas blancas, registrando el nombre del editor y la fecha. Al ver que me horrorizó su petición se limitó a decirme algo así como: recorte, pegue y aprenda. Tijera en mano hice lo que me pidió. Sus indicaciones me permitieron hacer un recorrido mágico por asuntos y temas que estaban más allá de mi imaginación y a los que de otro modo jamás habría tenido acceso, fue un gran aprendizaje.

(Continuará)…

“La prioridad del grupo político que conformamos en la preparatoria siguió vigente; sin embargo, lo importante era ser buenos estudiantes y lo logramos, así como desarrollar nuestros planes”.

“Antes de empezar ya habíamos ganado porque el triunfo en política requiere de una propuesta clara, sentido de la oportunidad y de organización, de mucha y buena organización”.

“En la vida pública Porfirio ha tenido éxito, pero nunca obtuvo el título de licenciado en Derecho. En época reciente, su intento por reelegirse como presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados mediante un proceso ilegal, es un fiel reflejo de su personalidad”.

Patrocinio González Garrido