Licenciado González Garrido, ¿alguna otra experiencia de trabajo? “Acudí al periódico Zócalo para hacer una aclaración por el asunto que te comenté de mi hermano Salomón. Su director me invitó a trabajar con ellos y acepté. Empecé por la fuente deportiva. Yo, que nunca había hecho un deporte, escribía de ese tema. Lo hice medianamente bien, pero sin emoción alguna, les faltaba color a mis artículos. Después cubrí la nota policíaca y ahí conocí a Manuel Buendía Tellezgirón, quien ya era una leyenda entre los reporteros y también redacté sobre asuntos laborales. Finalmente tuve el privilegio de estar en la fuente de la Presidencia, lo que equivalía a una suerte de doctorado en periodismo. El Ejecutivo federal despachaba en Palacio Nacional y los periodistas permanecíamos en un saloncito situado a un costado del elevador presidencial. Por ahí entraban y salían los secretarios que iban a acuerdo. Aunque éramos pocos periodistas, ahí estaban los más prestigiados del área política. Fue un privilegio convivir con grandes periodistas y entrevistar a los más altos funcionarios del país, a la vez, fue una excelente escuela. Reconozco que era un bisoño en esos asuntos, por lo que en algunas ocasiones pedí a mis compañeros que me orientaran en cuanto al sentido real de una declaración. Por interés personal, con frecuencia cubrí la fuente de espectáculos. Me agradaba relacionarme con artistas, vedettes y coristas de la época, las cuales, a su vez, se morían por salir en los periódicos”.
¿Qué más puede decir de su presencia en Derecho?
“Llegó el momento en que fue necesario escoger al padrino de nuestra generación, y como todos sabían que era amigo del secretario del Trabajo, Adolfo López Mateos, y que mi papá -como ya te expresé- era su subsecretario, consideré que lo propondrían a él, así que antes de hacerle una invitación formal fui a manifestarle nuestros deseos. Lo primero que me expresó fue: ‘Mira, lo que te voy a decir se queda aquí, entre tú y yo’, y me explicó que él consideraba que había dos personas que tenían posibilidades de suceder al presidente. Uno sería él mismo -y así fue- y el otro el director del Seguro Social, Antonio Ortiz Mena, de quien me hizo saber que era un hombre capaz y Ruiz Cortines lo quería mucho. ‘Pídele que sea el padrino sin decirle nada de esta plática. Así tendrás legítimamente dos cartas para el futuro. Una la de él y la otra, la mía, pero para esto último no necesitas que les apadrine’. Con el paso del tiempo, cada vez me asombra más que un político de la talla de López Mateos haya tenido esa confianza en un muchacho como era en ese entonces, y me congratulo de haber cerrado la boca y no defraudarlo. En mi carrera política ayudé a muchos jóvenes, pero nunca deposité en alguno de ellos ese tipo de confianza.
“En 1954, con Mariano Piña Olaya repasamos nuestras metas y coincidimos que en materia de política universitaria ya habíamos aprendido lo que nos sería útil en el futuro; de seguir en lo mismo corríamos el riesgo de estancarnos, por tanto, lo mejor era titularnos y para lograrlo nos propusimos estudiar las asignaturas correspondientes a dos ciclos escolares en un solo año, para terminar la carrera en cuatro años, en lugar de hacerlo en cinco. Se lo comentamos a otros compañeros de nuestro grupo, pero no los convencimos, alegando que no valía la pena.
“Nuestra propuesta era no abandonar las actividades que realizábamos en materia de trabajo, amistades, novias y amores. Tuvimos que estudiar hasta muy tarde por las noches y lo hicimos bien, de manera que fuimos elaborando la tesis y cuando presentamos el último examen renuncié a la presidencia de la generación”.
¿Cuál fue el tema de su tesis?
“Fue sobre derecho laboral, titulada ‘Los contratos colectivos obligatorios y los conflictos de orden económico’. Cuando la terminé, mi hermano Salomón redactaba también los últimos renglones de la suya sobre derecho penal. Decidimos titularnos el mismo día. Con las tesis aprobadas iniciamos los trámites para nuestros exámenes profesionales y para ello presentamos los documentos que nos solicitaron, sabiendo que algunos otros ya estaban en nuestro expediente académico, y ahí surgió un serio problema”.
El entrevistado fue interrumpido con la pregunta: ¿qué problema?
“A Salomón y a mí nos hicieron saber que nuestras actas de nacimiento registraban que nuestros apellidos eran González Blanco Garrido y nuestra solicitud de exámenes decía González Garrido, que era como estaban expedidos todos nuestros documentos escolares desde la primaria. Nos explicaron que podíamos recibirnos con los apellidos González Blanco Garrido, levantando previamente actas testimoniales para acreditar que éramos las mismas personas, pero que si queríamos ser González Garrido tendríamos que seguir un juicio de rectificación de nuestras actas, lo que llevaría más de un año. Salomón tenía programada su boda y no habría casamiento si no estaba recibido, porque su ascenso como abogado de Pemex dependía de que presentara el título. Recurrir al rector era imposible, no éramos santos de su devoción por lo que ya te comenté. De esta manera mi hermano y yo nos convertimos en González Blanco Garrido. Todavía hay quienes creen que nos añadimos el Blanco por ser juniors de nuestro papá.
“Salomón y yo presentamos nuestros exámenes profesionales el 26 de abril de 1956, a la misma hora. Él en un aula y yo en la Jacinto Pallares. Obtuve mención honorífica y los dos fuimos muy felicitados.
“Salomón se casó a los 15 días de haberse recibido. Yo me fui a estudiar a Inglaterra. Mariano no se fue a especializar a Italia como lo había planeado, mi padre le aconsejó que fuera juez y que hiciera fama de competente y honorable. Como te hice saber en otro momento, fue gobernador de Puebla de 1987 a 1993”.
¿En esta época de estudiante inició el noviazgo con doña Paty?
“No, fue a mi regreso de Inglaterra, pero mejor que te lo platique ella”.
“Fue un privilegio convivir con grandes periodistas y entrevistar a los más altos funcionarios del país. Reconozco que era un bisoño en esos asuntos, por lo que en algunas ocasiones pedí a mis compañeros que me orientaran en cuanto al sentido real de una declaración”.
“Me agradaba relacionarme con artistas, vedettes y coristas de la época, las cuales, a su vez, se morían por salir en los periódicos”.
“En materia de política universitaria ya habíamos aprendido lo que nos sería útil en el futuro; de seguir en lo mismo corríamos el riesgo de estancarnos, por tanto, lo mejor era titularnos”.
“A Salomón y a mí nos hicieron saber que nuestras actas de nacimiento registraban que nuestros apellidos eran González Blanco Garrido y nuestra solicitud de exámenes decía González Garrido”.
José Patrocinio González Blanco Garrido
Ex gobernador de Chiapas












