En días recientes Tuxtla Gutiérrez comenzó a presenciar la aparición de payasos bromistas, sujetos disfrazados que asustan a transeúntes, principalmente a niños; un fenómeno social que comenzó en el Sur de los Estados Unidos de América y antes en Europa.
“Esta situación sí nos afecta porque los niños comenzarán a observar a estos personajes y pluralizarán este fenómeno, es decir, los pequeños pensarán que todos los payasos somos malos”, señaló William Sánchez Valencia, inmerso en el oficio como el payaso “Willi” desde hace 25 años.
Muchos niños desde edades tempranas temen de estos personajes sin una razón aparente, es común observar actualmente a infantes llorar ante la presencia de payasos, una situación que los profesionales temen se expanda.
“Yo creo que un niño no sabe la diferencia entre un payaso de fiestas familiares a uno que adredemente los está espantando, entonces, si un niño padece un susto por este último al ver posteriormente a un profesional, pues se va espantar”, agregó Sánchez Valencia.
La diferencia entre los payasos profesionales y quienes solamente espantan a las personas, es que estos últimos simplemente se disfrazan y los primeros nacen con una cualidad singular en originar sonrisas y carcajadas sobre sus espectadores.
“Ser payaso es un arte que se trae desde nacimiento, mayoritariamente desde niños somos unas personas hiperactivas, divertidas, somos quienes hacíamos reír a los compañeros de clases, esta cualidades compartimos muchos de los colegas”, enfatizó Daniel de Jesús Ramos Suárez, quien ha dado vida al payaso “Mecatito” por 15 años de su vida.
La vida de un payaso es como la de cualquier otra persona, padecen vicisitudes personales, pertenece a un núcleo familiar, sin embargo, muchos de ellos viven diferentes personajes en su vida diaria.
Los fines de semana podrán ser el generador de risas, entre semana algunos se dedican a ser padres de familia, atender otros oficios, otros atienden negocios ajenos al de un payaso, incluso muchos de ellos son profesionistas.
“Algunos han dejado los estudios para dedicarse a ser payaso, otros dependen del oficio para sacar su carrera y hay quienes siendo profesionistas se mantienen en el arte”, finalizó Ramos Suárez.












