Miguel Álvarez del Toro trajo la taxidermia a Chiapas tras ganar en 1942 una convocatoria del Gobierno Estatal. En ese entonces se buscaba a un preparador de animales, para crear un museo de animales locales. A su arribo, tomó como aprendices a Bonifacio Guillén Moreno y a Jesús López Cabrera, ambos se convirtieron a sus 18 años en la primera generación de taxidermistas chiapanecos.
La siguiente generación fueron los hijos de los dos aprendices. Bonifacio Guillén Moreno enseñó a Marilú Guillén Jiménez, ella es ahora la curadora del Museo del Zoológico César Domínguez Flores del ZooMAT. En tanto, López Cabrera heredó sus conocimientos a Pedro López González, de entonces ocho años de edad. Es de Pedro, quien hoy les presentamos una galería de imágenes sobre su trabajo como taxidermista.
En entrevista, Pedro López señala que su trabajo se basa en un largo proceso del tratamiento de la piel de los ejemplares que han muerto en el recinto.
En su taller, dentro del Zoológico Miguel Álvarez del Toro (ZooMAT) monta la piel, uñas, garras y colmillos del animal sobre una figura de espuma de poliuretano y una mezcla de papel con pegamento que formará los músculos.
Una vez concluido el trabajo de taxidermia, los ejemplares son expuestos en 12 dioramas del Museo Zoológico César Domínguez Flores.
Pedro López señala que en taxidermia se pueden tratar especies sin importar sus dimensiones. Como ejemplo son las aves. Se ha taxidermizado las grandes águilas arpías; o mamíferos como guaqueques, tapires y jaguares. Incluso reptiles que van desde las iguanas hasta cocodrilos de cuatro metros de largo.
Han pasado 22 años de servicio de Pedro López en el Zoológico Miguel Álvarez del Toro, en un trabajo que conlleva la conservación de los ejemplares más allá de la muerte.












