Marco González * CP. La erosión hídrica es la responsable de un gran porcentaje de los daños que han provocado las inundaciones que se han presentado en gran parte de Chiapas, no sólo en las últimas semanas, sino en años y décadas anteriores, así lo señalan especialistas consultados por Cuarto Poder.
Indolencia, apatía, dejadez, indiferencia, abandono, descuido o desidia son algunos sinónimos con que se quieren disfrazar los efectos de la deforestación y por añadidura, el cambio climático. Ahora, cuando la naturaleza pasa la factura a las ciudades importantes, se buscan soluciones inmediatas o fast track que son muy costosas o por desgracia no existen, señaló el doctor Rafael Calderón Arozqueta, investigador de las Universidades de Chapingo y Autónoma Metropolitana.
Hace algunos años, el doctor Vicente Martínez Vázquez advertía que la falta de cobertura vegetal en cerros y lomas provoca que cada año el agua de la lluvia arrastre hasta 90 toneladas de tierra por hectárea hacia las partes bajas o a los lechos de arroyos, ríos, lagunas y presas. Eso es la erosión hídrica.
Se invierte más en propaganda política de algún proceso electoral que en la reforestación y preservación de selvas, bosques y manglares, sin entender que el cuidado de la ecología es la preservación de la vida y la seguridad de millones de personas en una ciudad, entidad, país, continente o el mundo mismo, apunta el doctor Cecilio Marroquín, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y consultor de varios organismos internacionales del medio ambiente.
Los daños que dejan las inundaciones o encharcamiento -como se les llama ahora oficialmente- a las ciudades e infraestructura carretera suman miles de millones de pesos que no se tienen, o bien podrían destinarse para resolver problemas de la pobreza y su estela de enfermedades o bien financiar proyectos productivos para arraigar a la gente al campo y generar empleos bien remunerados.
Tuxtla Gutiérrez
como ejemplo
La capital chiapaneca tiene una veintena de arroyos tributarios del río Sabinal, a los cuales rara vez se les ha desazolvado y cuando se hace es por pequeños tramos. Claro que realizar una limpieza a fondo de estos afluentes es costoso, pero resulta todavía más caro reparar calles y avenidas, apunta el doctor Marroquín.
Los cerros aledaños a la capital requieren de una reforestación agresiva con especies de la zona, porque ya están aclimatadas por cientos de años. Con esa barrera natural de arbolado, arbustos y yerbas se evitar que el agua que escurre de ellos velozmente arrastre piedras, lodo y arena que azolva o tapa todo sistema de drenaje pluvial que se tenga.
Hace algunos años la escuela preparatoria Joaquín Miguel Gutiérrez se fijó como meta reforestar una parte del Cerro Mactumactzá y por ello ganó el premio estatal de ecología, pero, mientras los alumnos y maestros se daban a la tarea de plantar árboles, se autorizaban la creación de nuevos fraccionamientos y edificaciones en la zona.
Ahora, las lluvias torrenciales arrastraron cientos de toneladas de tierra, arena y piedra, afectando una parte del sur oriente de la capital. Y en un porcentaje mínimo basura. En tanto, en otros puntos ocurren fenómenos parecidos. Los lechos de los afluentes ya no pueden contener el agua porque están azolvados.
A la par, aunque un poco más caro, se deben pavimentar las calles y avenidas con un material que permita la infiltración del agua para recargar lo mantos friáticos, mientras se avanza en la construcción y consolidación de un sistema de drenaje pluvial, porque de lo contrario las desgracias cada vez serán mayores, como ocurrió en días pasado.
La prevención obligadamente pasa por la reforestación, desazolve de afluentes y consolidación de un drenaje pluvial para el trópico húmedo, no para zonas áridas, concluye sarcásticamente el doctor Marroquín.
Cualquier otra acción es tratar de atacar un cáncer con un mejoral.











