Pemex: los costos laborales

Petróleos Mexicanos, la gran paraestatal que enorgullece al país, aporta las dos terceras partes del gasto público. De acuerdo con el Banco de México, más de 90% de los ingresos petroleros se destinan al gasto corriente, principalmente al pago de sueldos de empleados gubernamentales. Esa carga financiera de Pemex no estaba considerada cuando la empresa fue concebida, hace 68 anos, para administrar los hidrocarburos y apoyar el desarrollo del país asegurando el abastecimiento del energético.

Ahora Pemex enfrenta la necesidad de su reestructuración para consolidarse como una empresa moderna y exitosa, que siga siendo pilar fundamental en el desarrollo de México. Este fue el eje del debate que tuvo lugar en un reciente foro promovido por EL UNIVERSAL, en el cual participaron el director general de la paraestatal, Luis Ramírez Corzo, y otros funcionarios de la misma, junto con directivos y colaboradores de esta casa editorial.

Siempre será bien visto convocar al análisis con ánimo constructivo; en este caso esperamos que las reflexiones ahí vertidas aporten sustancia al tema. Se ha venido diciendo que Pemex carece de recursos para reinvertir en los niveles convenientes para garantizar la producción petrolera a futuro. También que el robo de combustible suma miles de millones de dólares al ano. Según una información exclusiva, hoy Pemex destina al pago de salarios, pensiones y jubilaciones más de 61 mil millones de pesos al ano. Este factor pone a la paraestatal ante la urgencia de modificar o renegociar sustancialmente el contrato colectivo de trabajo y de reubicar o liquidar a un número considerable de empleados y trabajadores sindicalizados que pueden ascender a 30 mil en los próximos anos.

Es un asunto sumamente delicado, pues Pemex no ha ajustado su funcionamiento a consideraciones meramente empresariales, sino también a las responsabilidades sociales que ha asumido como una entidad que, según la reiterada expresión, es de todos los mexicanos.

La paradoja es que a Pemex se le exige que produzca los rendimientos esperables de una gran companía petrolera, pero sus ingresos pasan directamente a la Secretaría de Hacienda. Hay una discrepancia manifiesta en la necesidad de hacer una reforma fiscal que permita a Pemex no solamente funcionar con eficacia, sino también crecer y asegurar reservas de hidrocarburos para el futuro cercano.

El sindicato petrolero es un conglomerado singularmente privilegiado, pues a los buenos sueldos y las jugosas prestaciones que ha logrado a través de los anos, tiene en sus manos diversas concesiones de la empresa, inclusive la distribución y transporte de sus productos, y posee cinco de los 11 asientos en el consejo de administración de la misma, contra seis representantes del Estado.

Esta es una situación de gran ventaja para el sindicato, a la que se llegó paulatinamente en virtud de la naturaleza estratégica de la empresa, por un lado, y del peso electoral de los trabajadores, por otro.

La relación trabajador-barril de petróleo producido es en Pemex más onerosa que en otras empresas petroleras privadas y estatales. La companía tiene, además, una dorada burocracia que también debería ser podada si se quiere mejorar la productividad de la paraestatal.

Pemex generó empleos con mucha rapidez. Hoy parece llegado el momento de apretarse el cinturón, pero ningún derecho laboral legítimamente obtenido debe ser conculcado. Por supuesto, es de esperar que en estos momentos definitorios la empresa y sus trabajadores muestren la mayor sensibilidad, en una negociación que deberá anteponer los intereses nacionales sobre los particulares o de grupo. (El Universal).