Pensemos bien la reforma

La dimensión del encargo de la recién instalada Comisión Ejecutiva para la Reforma del Estado la obliga a cumplir su encomienda con una reflexión profunda, un estudio cuidadoso y un análisis sereno para definir metas y trazar rutas. No le tengamos miedo a la conciliación, pero tampoco a la comparación de puntos de vista para conocer resultados y tropiezos que otros proyectos han experimentado.

Ayer se inició formalmente el proceso de reconfiguración del Estado. No sólo se trata de una reforma electoral, sino del proyecto de reingeniería más ambicioso desde que hace 90 anos se promulgó la Constitución de 1917.

El sistema político actual requiere una estructura que permita el equilibrio de poderes con los contrapesos clásicos para superar la parálisis o el enfrentamiento institucional. Hay que ir en busca de la gobernabilidad. Una calibración del aparato electoral es parte de las tareas pendientes.

Con 2009 en la mira habrá decenas de proyectos, analizables todos, pero dos con sentido en el corto plazo: reelección inmediata de legisladores y presidentes municipales -para dar consistencia a la carrera política y administrar un premio o castigo inmediatos- y regular la relación entre gastos de campanas y medios de comunicación.

Ya es tiempo de dejar de ver por el espejo retrovisor. Hay quienes se sienten agraviados por el pasado reciente; el tema de nuevo abierto sobre qué hacer con las boletas electorales del 2 de julio de 2006 lo remueve. No se puede negar que el ano pasado vivimos meses de una gran crisis nacional. Ahora todos pueden tener la oportunidad de aportar las lecciones aprendidas en esa difícil elección y exigirse no repetirlas.

Metodológicamente se puede escoger iniciar el proceso por la vía de destacar algunos puntos en los que se vislumbra coincidencia, como por ejemplo la asignación de tiempos oficiales por parte de la autoridad electoral, que sería menos cuestionada que la actual compra de tiempos de transmisión en medios electrónicos sin control efectivo del gasto en la propaganda.

El federalismo es otro de esos tópicos que podrían generar consenso. El concepto de entidades libres y soberanas, unidas voluntariamente sin merma de sus privilegios esenciales, si se hace la tarea de buena fe, podría resultar fortalecido por esta reforma, junto con el de transparentar al Poder Judicial.

La reforma del Estado debe hacerse bajo la inspiración del espíritu democrático, para que sus frutos sean la extinción de vicios como el del autoritarismo y la corrupción, que no son privativos de ningún partido, sino que lastimosamente a todos han tentado por igual.

Los mejores antídotos de males típicos de los regímenes discrecionales o relajados son la transparencia, que pasa por el acceso a la información y la rendición de cuentas a través de una fiscalización profesional y con atribuciones para sancionar a quien se exceda en funciones.

El réquiem a estructuras políticas y económicas monopólicas y las exenciones fiscales que empobrecen al Estado debe ser parte de las metas a alcanzar. Históricamente, los momentos de grandes crisis han generado en México los alumbramientos de las grandes reformas. Esperemos que este sea el caso. (El Universal).