Pensiones para los ancianos

"La coronación de una vida de honesto trabajo es una pensión digna que permita una vejez tranquila, como justa prestación por los anos productivos. Una sociedad responsable atiende a sus mayores con la misma diligencia y consideración que a los menores o a los minusválidos.

Conforta, por eso, el anuncio del presidente Vicente Fox de destinar un presupuesto inicial de tres mil millones de pesos para poner en marcha en enero del ano próximo un plan de pensiones para adultos mayores de todo el país, cuyas familias se encuentren en los estratos de menor ingreso.

A riesgo de que pueda ser juzgada como una medida electorera, el anuncio necesita ser completado con los pormenores del plan, aludido como ""Sistema de ahorro para pensión y jubilación"" del Seguro Popular, para que, sumado al Instituto Mexicano del Seguro Social y al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, permita el acceso de todos los mexicanos al sistema de pensiones.

No obstante, este Plan debe considerar una múltiple variedad de factores. La expectativa de vida de un mexicano es ahora de 72 anos, por lo que el segmento demográfico de adultos mayores crecerá lenta pero irremediablemente. La edad mínima de jubilación se ha aumentado sucesivamente de 50 a 60 y a 65 anos. En todo caso, de este Plan se ha excluido a aquel grupo de ancianos que se ubican en rangos superiores a los del mínimo ingreso; con todo, las instituciones de seguridad y asistencia social, de pensiones y jubilaciones que funcionan hoy en México están crónicamente afectadas por la insuficiencia presupuestal y los desequilibrios financieros.

Sin desestimar los manejos irregulares que puedan registrarse en su operación, un hecho cierto es que expandieron sus servicios mientras se multiplicaba el número de derechohabientes sin disponer de ingresos proporcionales a ese crecimiento.

Por tanto, el plan de pensiones del que ahora se habla debe estar estructurado de tal modo que no solamente sea factible hoy, sino que pueda desarrollarse al mismo ritmo de sus obligaciones.

No queda claro en este proyecto si la empresa privada tiene o no alguna participación responsable en los costos del plan, o si todo será absorbido por el gobierno, con alguna contribución de ahorros para jubilación y pensiones. La empresa privada ya está obligada por la ley y por los contratos de trabajo, pero abundan los casos en que los reajustes de personal inciden precisamente en los trabajadores próximos a pensionarse.

Los actuarios y otros profesionales seguramente ya estarán abocados a la tarea de calcular costos, alcances y proyecciones, pero sí importa construir bases bien sólidas para este plan, que sin duda merecerá una acogida muy favorable en la opinión pública.

La posibilidad de una pensión para los ancianos trabajadores es una forma noble de reconocimiento por su contribución, así sea módica, al crecimiento económico y al desarrollo social de nuestro país.

Asimismo, debe recordarse que no todos los ancianos mexicanos fueron parte del circuito productivo-laboral formal; muchos, dadas las circunstancias del país, tuvieron que ocuparse de actividades marginales y, por lo tanto, no acumularon beneficios oficiales. Para ellos, por el solo hecho de haber nacido en México, debe haber un apoyo institucional.

Es exigible que el plan de pensiones no sea flor de un día, sino que comience a funcionar y se desarrolle hasta alcanzar a todos los ancianos del país, quienes han contribuido a la construcción de México, lo cual es justo hoy y lo será manana, para todos. (El Universal)

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