Ibestic y Zacualpa son dos comunidades indígenas ubicadas en Zinacatán y San Cristóbal de Las Casas, respectivamente; en ellas viven dos familias de escasos recursos, ambas se quejan de que los apoyos para el campo no les ha llegado dentro de la administración, de la cuarta transformación.
Comentaron que se “sienten abandonados” y vaticinan “una pobre producción” tras no haber alcanzado la ayuda para sus insumos y realizar oportunamente sus siembras.
A escasos 20 minutos de la cabecera municipal de San Cristóbal vive don Cleofas Benavides Pérez, un pequeño productor de higo, granadilla, maíz, frijol, chayote, durazno y pera. Invitó a Cuarto Poder a recorrer sus pequeños sembradíos que tiene a un costado de su hogar.
Desde ahí denunció que los apoyos aún no han llegado y que con “este cambio de gobierno la están regando todo, ya que no hay nada y todo se fue para abajo”.
Señaló que no alcanzan los recursos para cultivar el campo; “estamos con poco trabajo, mal pagado y no podemos atender nuestras tierras como anteriormente lo hacíamos; nos confiamos de que Obrador era nuestro amigo pero sucedieron peor las cosas; esperamos que todo cambie”.
Antes, comentó, hace como 10 años recibían el Procampo, pero desafortunadamente en algunas comunidades los comisariados y agentes son egoístas, escogen a la gente y excluyen a quien no les “conviene”, disimulando un censo para después celebrar una asamblea en donde levantaban un acta para destinar los apoyos.
A don Cleofas le quitaron el Procampo porque no tenía certificado de sus tierras. Al no obtener éxito con este método, exhortaron a muchos campesinos a ingresarlos al programa pero bajo la condición de pagar su ingreso, lo cual no les gustó.
Reconoció que con el movimiento antorchista -al que pertenece- hasta el momento han obtenido algo de apoyo cada año: “del 2019 para atrás trabajamos juntos y nos gestionaban fertilizante y mejoramiento de vivienda”, comentó en medio del escaso sembradío.
“Tengo dos hectáreas de milpa en la montaña pero no hay recurso, sembramos pero no lo pudimos fertilizar y la semilla ya está acostumbrada al fertilizante.
“Actualmente lo poco que trabajamos es para autoconsumo y lo poco que se puede vender en el mercado es que nos da un dinerito”, contó don Cleofas, quien siempre estuvo escoltado por su familia.
Expuso que en el tema del maíz, “el tiempo avanza, ya está el jilote, y para quien tiene recurso va haber cosecha, pero para quien no, se queda hasta ahí”.
Con relación a la producción de la pera, dijo que hace un año estaba cara, pero este año “se cargó” y ahora no tiene precio, está entre 25 hasta 40 pesos, por lo que muchos prefieren “dejar podrir la fruta porque está a 15 pesos el pasaje por reja: entonces ya no resulta”.
Explicó que la reja de granadilla está en 400 pesos, pero es poca la producción que sacará. En cuanto al durazno que ya terminó la temporada, dijo que estuvo a 300 pesos la reja.
“Para este año estuvo escaso el fruto”, pero por lo regular tenía una producción de por lo menos 40 cajas. “En donde existe riego pueden cosechar varias veces al año, pero así como aquí que casi no tenemos agua, es por temporada”, expresó.
Ante este panorama espera que las autoridades federales y estatales volteen a ver a los campesinos, jornaleros y pequeños productores y apoyar para tecnificar el campo y se pueda impulsar la economía de este sector.
Sostuvo que en el mes de marzo llegaron los “servidores de la nación” a censar, le entregaron un “comprobante” que decía apoyo Benito Juárez pero sin número de folio; lo que sí les tomaron fue la foto y les hicieron firmar una hoja más, sin embargo, desde esa fecha no ha llegado nada.
Por otra parte, don Juan Pérez Pérez, productor de rosas y otras flores en la localidad de Ibestic en Zinacatán, expuso igualmente que no le han entregado ningún apoyo para desarrollar su actividad a pesar de que en esta región se ha dado una importante producción en este rubro.
Aunque la cosecha está programada para el mes de diciembre, febrero y mayo, que son las fechas en las que se consumen, dijo que en esta ocasión será menos la cosecha ante la falta de fertilizantes.
Detalló que las rosas después de haberlas sembrado, duran de siete a ocho años en la tierra y solamente las van podando y las fertilizan para que puedan resurgir los retoños. En cuanto a la producción, por lo regular es de 150 paquetes semanales, aunque a veces baja hasta 50 paquetes de 25 rosas.
Asimismo, don Juan enfatizó que de su propio sudor ha sacado adelante su trabajo a pesar de que no tiene tierra y la renta, por lo que también envió un llamado a las autoridades para poder seguir con esta actividad, pues con la ayuda se podría elevar la calidad de vida de las familias y mejorar la producción.
Externó que existen diversas plagas tanto en temporada de sequía como en la de agua, por ello fumigan hasta dos veces por semana para controlarlas.
“Ojalá que exista el apoyo directo, como dicen, y podamos poner nuestro propio invernadero, podamos sembrar más variedades de flores como el crisantemo, margaritas y holandesas, entre otras”, concluyó.












