“La mayor de las amenazas es la pérdida de su hábitat, pues todas las especies están adaptadas a cierto tipo de bosques, selvas y cuerpos de agua; cuando son transformados en zonas productivas o en ciudades, la pérdida es incalculable e irrecuperable”, destacó Francisco Emilio Roldán Velasco, analista de áreas naturales protegidas (ANP) de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).
El ambientalista resalta que para entender la importancia de conservar las especies, hay que comprender que todas, incluso los seres humanos, formamos parte de los ecosistemas.
“Nosotros somos una especie más y todos dependemos de todos, hay que comprender que las especies están entrelazadas y al irse perdiendo una, es como si fuéramos quitando un tabique de una casa, y cuando una especie se pierde, también se pierde la relación que tiene con las otras”.
Ya sea como alimento, polinización o dispersores de semillas de ciertas plantas, la pérdida, desplazamiento o extinción de especies genera que el sistema “pueda venirse abajo y, por lo tanto, nos afectaría a nosotros, que somos una especie que depende completamente de los servicios ecosistémicos que se dan en las ANP”.
La producción y captación de agua, producción de oxígeno, regulación de la temperatura y alimento, son algunos de los beneficios que se pierden, motivo de la importancia de que “cada una de las especies sea vital para el funcionamiento de estos sistemas”.
El promotor ambiental en La Frailescana recalcó que desafortunadamente el aumento de la pérdida de hábitat ha llevado a que las ANP sean consideras herramientas de conservación, las cuales cobran cada vez más importancia.
“Hay muchas especies que sus principales poblaciones en nuestro país se pueden encontrar en las áreas naturales (ANP), y uno de los objetivos de la Conanp es precisamente promover el desarrollo sustentable de todas las comunidades que viven dentro y alrededor de estas”.












