José Alberto Pacheco Herrera es un ferviente luchador social, participa activamente en las marchas, plantones, mítines y las diferentes jornadas de acciones para ayudar a los sectores más vulnerables de la entidad.
Lo mismo se le observa en una marcha en Tuxtla, en San Cristóbal o en la Ciudad de México. Nada le impide realizar estas largas caminatas, ni el incesante sol de la temporada, las inclemencias del tiempo, o el hecho de que no tenga parte de las extremidades inferiores, las cuales perdió en un trágico accidente carretero.
En una plática para Cuarto Poder, el hombre de 42 años de mirada ruda, facciones marcadas y larga cabellera entrecana cubierta siempre por una gorra y gafas oscuras, relata que no siempre participó en esta actividad, no le interesaba la lucha social, no le importaba la gente desprotegida; su actitud, reconoce, rayaba en el egoísmo.
Es militante de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA), originario de Raudales Malpaso, es el mayor de dos hermanos más, Ángel y Valentín, quienes siempre le recomiendan que se cuide en las acciones que realiza, pues existe gente a quien no le simpatiza su persona.
“Al principio lo quieren hacer menos a uno; la primera vez que participé en una marcha me sentí como bicho raro, me discriminaron; sin embargo, gente de otros estados me mostraron su solidaridad, me dieron ánimo y de ahí para adelante”, expresó.
En el año 2013 un acontecimiento le cambió la vida para siempre: laborando como obrero sufrió un accidente de tránsito en Tuxtla Gutiérrez, cuando un tráiler lo arrolló.
Debido a ello y por complicaciones de la diabetes melitus que padece, los médicos no pudieron salvarle las partes de las extremidades inferiores, sufriendo la amputación de ambos pies.
Ante ello, en una etapa de su vida ya aceptada, con todo el ánimo comparte que “así es la vida, ni modo, desgraciadamente fue ese accidente que me arrebató mis pies, pero acá estamos; primero Dios todo saldrá bien”.
Recuerda que al principio fue complicado, pensó que no volvería a caminar, pero la vida le enseñaría poco tiempo después que los límites existen únicamente en la mente; había perdido los pies para ayudar y marchar por los más necesitados de Chiapas, los campesinos pobres, los ejidatarios que piden apoyo institucional y madres solteras que buscan de salir adelante junto a sus familias.
Personas y situaciones que hasta antes del accidente pasaban desapercibidas para su vida cotidiana.
Posterior al accidente y amputación, fue invitado por un amigo para participar en una marcha en favor de campesinos, a la que accedió con poca convicción.
Fue en ese ambiente, en medio de la muchedumbre, donde poco a poco le surgió el compromiso de participar en las jornadas sociales, en las largas caminatas, en los plantones, en las manifestaciones fue encontrando amigos, que ahora “Pacheco” considera como su familia.
“Hay gente que me acepta, hay gente que no, hay que vivir la vida como venga”, es su lema de vida.
No falta a las convocatorias para las movilizaciones, espera el llamado de su organización y su nueva familia a la que de manera gradual se han ido sumando más integrantes.
En cada una de ellas toma su bandera verde y la lleva al hombro izquierdo; se pone unos soportes de goma en la parte de las rodillas hechos por él mismo e inicia la marcha; cuando el cansancio le domina se apoya en su silla de ruedas, nunca se ha detenido, ninguna caminata ha sido demasiado larga por el noble propósito.
José Alberto siente que la vida no le debe nada, pues como él mismo refiere, “he ganado más de lo que he perdido”.












